Viajar con mi padre

Una botella de vino, un perfume, una corbata… Si os encontráis tal día como hoy, y como todos los años, sin saber si habréis acertado con el regalo del día padre, tenéis una solución espléndida: un viaje. Vale, es una opción espléndida aunque no económica, pero podéis al menos regalarle vuestra compañía en un viaje.

Si no habéis probado, os lo recomiendo, hay mucha diferencia entre los viajes cuando eras pequeño y simplemente te dejabas llevar sin molestar demasiado, a viajar con tus padres de mayor, en plan compañeros de viaje. Y a mí, tengo que decirlo, me gusta viajar con mi padre, y como prueba, tres ejemplos:

Mi padre como guía en La Palma

Mis padres en el TeneguíaEl último viaje que hice con mis padres fue una semana de redescubrimiento de la isla bonita. Mi padre conoce la isla de La Palma de arriba a abajo, como si se hubiera criado en ella (espera, de hecho es así) y el pasado mes de diciembre nos sorprendió con una programación digna de touroperador. Contaba con itinerarios detallados, horarios, reservas, entradas, hasta teléfonos de los restaurantes que pillaban de camino en cada jornada. Al que tenga interés, agencias incluidas, les paso el programa.

No solo lo tenía todo programado sino que fue capaz de improvisar alternativas en momentos de lluvia (sí, lo siento por la consejería de turismo de Canarias, pero tengo que decirlo: a veces llueve). Aunque se empeñe en estar jubilado, tiene un gran futuro como guía turístico, lo mismo te habla de naturaleza, que de costumbres, que te señala las estrellas o te narra acontecimientos históricos en primera persona. La edad es lo que tiene, no todo el mundo puede presumir de haber vivido la erupción del Teneguía o participado en la construcción del aeropuerto.

De conductor en Madeira

Puerto Moniz en MadeiraEl año pasado también viajé con mis padres a Madeira, y gracias a la pericia de mi padre para desenvolverse al volante pudimos ver todo lo que hay que ver en la isla… y salir de ella. Creo que aún hay turistas atrapados desde 2003 en un bucle constante dentro de sus túneles infinitos. No solo controla la conducción en sí, las direcciones, la orientación, sino que tiene además esa capacidad que solo poseen conductores de safari, detectives privados o los radares móviles de la guardia civil, para ralentizar la velocidad en el momento justo y el encuadre perfecto para que saques la mejor foto sin bajarte del coche.

El caso es que sin tener nada preparado le dimos un repaso a Madeira en cuatro días que no nos quedó rincón por recorrer ni plato típico por probar. Porque esa es otra ventaja de viajar con mi padre, la felicidad con la que degusta platos típicos.

De mochilero en Australia

Uno de los mejores viajes que recuerdo fue una excursión de varios días desde Melbourne a Adelaida atravesando la Great Ocean Road en una pequeña furgoneta con mis padres y un puñado de mochileros.

Mis padres fueron a visitarme a Australia y de alguna manera, sin hablar ni entender ni una palabra de inglés, lograron hacer el viaje de 30 horas pasando por 5 aeropuertos sin ningún contratiempo. Bueno sí, al llegar a Sidney tardaron más de una hora en salir, y cuando ya creía que les habían retenido por importar tuppers de madre de contrabando, descubrí que les habían perdido una maleta y ya se habían hecho entender por gestos para poner la reclamación. Con la misma soltura, y valiéndose de un vaso y una gorra a modo de cuerpos celestes, mi padre hizo entender a los jóvenes mochileros angloparlantes por qué la luna crece y decrece al revés en el hemisferio sur. Os reto a que hagáis el intento.

Aún recuerdo cuando recién llegados al país, les llevé a echar un vistazo al paisaje más emblemático. Mi padre se sentó en un banco frente a la Ópera de Sidney y, como dándose cuenta por primera vez de hasta dónde habían llegado exclamó “¡En Sidney, fíjate tú!“.

La única pega que nos puso en el viaje es que no le dejábamos comer. Entre que en aquella época yo tendía a la dejadez para las comidas cuando hacía turismo y que mi madre me seguía el ritmo, muchos días nos saltábamos la comida y él se resignaba a la dieta forzada de cacahuetes “Pues manises otra vez” suspiraba. Para cuando llegamos a Adelaida ya estaba preparado y tenia localizada una marisquería para degustar auténticas ostras australianas.

En fin, que los que tenéis la oportunidad, no dejéis de viajar con vuestros padres. Personalmente, y aprovechando que también es viajero infrecuente y asiduo lector de este blog: Pa, desde aquí te lo digo para que lo tengas en cuenta, para el próximo viaje tenemos pendiente volver a Bilbao y acercarnos a las bodegas de La Rioja Alavesa.

 

1 comentario en “Viajar con mi padre

  1. Me ha encantado … Curiosamente, el único viaje que he hecho, estando ya fuera de casa, con mi padre, fue a su tierra natal, su querida Extremadura, hacía 30 años que no la visitaba y por cosas de la vida, ese fue su último viaje, porque luego emprendió el viaje que no tiene retorno. Para todos fue un viaje inolvidable.
    Por cierto, si vuelves a Bilbao igual nos cruzamos por el Casco Viejo, jejeje. Siempre puedes echar un vistazo a la entrada actualizada que tengo en el blog. Y cualquier cosa que necesites en Bilbao, no dudes en decirme.

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