La isla bonita

Los motes pueden ser más o menos apropiados, pero algo de verdad siempre llevan. Si siempre te llamaron el flaco, el chino o el peludo, por algo será. En un archipiélago que está lleno de parques nacionales, monumentos naturales, patrimonios de la humanidad, reservas de la biosfera y misses de España, si todos se ponen de acuerdo en llamar a una de las islas «la isla bonita», por algo será.
Paisajes que hacen de La Palma la isla bonitaSin embargo, La Palma no es bonita en el sentido touroperador del término, si estás buscando playas blancas y aguas cristalinas, este no es el lugar. Entonces, ¿por qué llaman a La Palma la isla bonita? Tal vez sea porque es la más verde de las Islas Canarias, y al mismo tiempo es una de las más volcánicas y escarpadas, y ese contraste entre vulcanismo atropellado y vegetación exuberante la convierten en algo muy exótico. En concreto, un exotismo macaronésico. Y lo exótico, en estos tiempos, es bonito.

Durante la última semana he estado redescubriendo La Palma de punta a punta. No es difícil, solo tiene 708 km2 de extensión, solo que es una extensión un poco enrevesada. Recorrer La Palma significa adentrarse en caminos y carreteras que bordean precipicios de vértigo, dar vueltas a acantilados y montañas y bajar y subir barrancos para desplazarse apenas unos kilómetros en el mapa. En especial cuando nos dirigimos hacia el norte, a los municipios de San Andrés y Sauces, Barlovento o Garafía. Eso sí, todo está decorado con alfombras de vegetación que se derraman hasta el mar, en las que parece que han sembrado pueblitos de cuento colonial.

Volcán de San Antonio en La PalmaPor el contrario, ir hacia el sur, hacia Fuencaliente, es como visitar otro planeta donde los paisajes volcánicos más recientes, te hacen entender en las propias suelas de los zapatos el concepto de «malpaís», el escenario inhóspito e imposible que dejan las erupciones volcánicas tras de sí. El último volcán, el Teneguía, hizo erupción en 1971 -el otro día, vaya- y aún se puede sentir el calor y oler el azufre sobre su cima. Desde el emblemático faro de la punta sur de la isla, junto a las salinas, se inicia una ruta de los volcanes que hace las delicias de los senderistas y los ultramaratonianos de la carrera Transvulcania.

La isla bonita también es la isla verde

Podríamos haber aprovechado el viaje para sacarnos la licenciatura en Botánica, porque en nuestras fotos aparecen desde las inmensas fincas de plataneras de la costa, que alimentan a España y media Europa, hasta los insólitos arbustos de los picos más altos; pasando por los tupidos y protegidos bosques de laurisilva que te hacen sentir en medio de la jungla; los amplios pinares canarios resucitados del fuego; la viña que subsiste a la aridez volcánica; o un sin fin de plantas autóctonas que adornan las laderas.

Playa en La Palma, la isla bonita ¿Y las playas de La Palma? Pues son pocas y pequeñas, pero las hay. No solo hay, sino que algunas son rincones inolvidables, siempre de arena negra, entre rocas y acantilados, donde si no se te lleva el oleaje puedes disfrutar de una auténtica playa salvaje.

No existe una teoría clara, puede que fuera solo un eslogan turístico, lo que es seguro es que no tiene nada que ver con la canción de Madonna ¿Por qué llaman a La Palma «la isla bonita»? Pues probablemente porque lo es.

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