La vergüenza de ser turista

Sin que la Real Academia haya mediado en esta insospechada evolución del español, un turista se ha convertido en un apestado y molesto saco de tópicos al que nadie quiere parecerse, mientras que un viajero ha pasado a ser la quintaesencia de las virtudes, una especie de héroe mitológico, mezcla de intelectual, aventurero, ecologista y místico.

Seguro que lo habéis visto en artículos, blogs y originales dibujos que representan diferencias muy imaginativas entre uno y otro concepto. Y si no, haced una prueba, si entráis en Google y escribís «Turista o viajero» os aparecerá una página completa de teorías y comparaciones. Pero tampoco disparéis a Google ni a los blogueros (por favor), esto es solo una transcripción de unas percepciones que ya han calado en todos nosotros.

playa-gente-turistaSi pensáis en la palabra «turista», probablemente imaginéis una manada de señores ligeramente obesos con gorros de paja, camisas de flores y calcetines, atiborrándose a paella en una terraza de playa; o en una turba de cámaras fotográficas adheridas a japoneses con sombrilla que llegan como un vendaval, retratan lo que alguien les señala, y se vuelven a ir sin haber entendido nada. Además, todo lo que lleve el apellido turístico es sinónimo de cutre y de plaga. Cuando un lugar es muy turístico, es que ha perdido su esencia, que está masificado o que es una actividad que realiza todo el mundo, vulgar.

Por el contrario, de un tiempo a esta parte, se asocia «viajero» a un mochilero intrépido y solitario, perdido en los lugares más recónditos del planeta, escalando una montaña, o comiendo saltamontes junto a un anciano sin dientes. Si os dais cuenta, la base de ambas percepciones está en la masificación frente a la individualización. Por eso os voy a dar una clase de sociología barata. No cambiéis de canal, seré breve:

Algo de sociología improvisada

Hubo un tiempo en que ser completamente igual a los demás estaba bien visto. De hecho se ansiaba. Fue cuando se afianzó la revolución industrial y la fabricación de productos en serie. Los fabricantes daban salida a sus productos completamente iguales unos a otros fomentando la necesidad de los clientes de parecerse a sus vecinos: vestir las mismas ropas, usar los mismos coches, vivir en el mismo tipo de casas… Como de lo que se come se cría, esa similitud también afectaba al pensamiento y a la personalidad: todos querían ser y pensar como los demás, nadie quería verse diferente.

Esta corriente tocó techo con el auge de los totalitarismos, cuando llego el punto en que había que ser igual a los demás por obligación. Como lo obligatorio no es tan divertido, cuando se acabó con los regímenes totalitarios (es un decir), comenzó a surgir la corriente contraria, que dura, con ciertos matices, hasta hoy: la necesidad de la individualización, destacar entre los demás, sentirse distinto entre la masa, especial.

james-dean-rebelde-sin-causaFue entonces cuando se comenzó a idolatrar a los rebeldes a lo James Dean, sin causa pero con chupa de cuero. Le siguieron los hippies con su flores y todo tipo de tribus urbanas que renegaban de las normas habituales -de vestimenta, comportamiento y pensamiento- , desde los tupés de rockers a las crestas de los punkis y el rímel de los góticos. Un momento ¿tribus? Sí, porque una cosa es la diferenciación y otra, ir solo por el mundo, que al fin y al cabo el ser humano es un animal social y necesita un amigo para que no le de corte ir con esas pintas por la calle.

El caso es que los fabricantes -ahora conocidos como marcas- siguen teniendo un papel fundamental, porque siguen produciendo en serie, sí, pero ahora muchas más cosas. Así que, una vez que han vendido a toda la población camisas de franela azul, necesitan que sus clientes quieran diferenciarse de todos los que llevan camisas azules, y les empiezan a vender camisas verdes. Y luego gorros rojos, chaquetas marrones y pantalones amarillos. Vale, la imagen resultante es un poco hortera, pero me entendéis, ¿no?  Los clientes necesitan (o creemos necesitar) una renovación constante para ser (o creernos ser) diferentes. Y quien dice ropa, dice el último gadget tecnológico o el último modelo de coche. Echadle un ojo a la publicidad y veréis que en su mayoría está orientada a que te sientas distinto mientras te venden lo mismo que a los demás.

mochilero-turista-viajeros-blogCreerse viajero siendo turista

Pues todo este rollo -que puede ser lo poco que me acuerdo de la sociología que estudié en la carrera, o puede que me lo acabe de inventar- explicaría también la tendencia de reflejar en «turista» todo lo común y relativo a la masa, a los demás; y en el concepto de «viajero» todo lo que se cree diferente e individualizado, un grupo reducido que hace otro tipo de cosas, por supuesto más respetables y molonas.

La clave está en el verbo «creer», porque es todo percepción. Por muy alternativo que creas ser en tus viajes, aunque hagas fotos con gran angular en lugar de selfies, o viajes en autostop en lugar de autocar, cuando el señor sin dientes te ve aparecer con tu mochila no piensa «mira qué persona más interesante». Lo que piensa es «mira, otro turista», o mejor «mira, una cartera con mochila». Sentirse «viajero» es igual que comprarse la última camisa verde, o autodenominarse «friki» para sentirte distinto, aunque tu individualidad consista en ver las películas o leer los cómics que consumen millones de personas en todo el mundo.

Nadie quiere ser turista porque nadie quiere ser como esa imagen que nos hemos creado de los demás viajeros. Nadie quiere verse reflejado en las hordas de personas que hacen las mismas fotos a los mismos monumentos y comen en los mismos restaurantes. Todos quieren vivir una experiencia única, pero despertad, somos demasiados para vivir experiencias únicas, somos muchos para ser únicos.

Por si os sirve de consuelo, volvamos a lo básico: Las tres acepciones de la palabra «viajero» se limitan a definir al que viaja, al que relata un viaje, y al viajante, que es el que viaja por negocios. Mientras que «turista» es el que viaja por placer. Y yo, qué queréis que os diga, sean cuales sean las condiciones, o el número de gente que lo haga, lo que quiero es viajar por placer.

4 comentarios en “La vergüenza de ser turista

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