Equipaje de mano

Breve historia del equipaje de mano

“Es más libre el que viaja ligero de equipaje”… Queda muy bonito para bordarlo en la mochila, pero a la hora de la verdad, que no te quiten la mochila para llevarla a la bodega del avión, que no te la quiten por dios, que tenemos un problema. No sabemos viajar sin equipaje de mano.

Las líneas aéreas están desesperadas, ya no saben que advertencias, controles o recompensas dar para evitar el abuso. En Iberia están dando prioridad de embarque a los que no tengan equipaje “En primer lugar embarcarán nuestros clientes zafiro y los que vayan con lo puesto”. Pero son las propias aerolíneas las que tienen la culpa:

Cinta de equipajeAntes, el equipaje de mano se reducía a aquello que pudieras necesitar durante el vuelo: unas medicinas, unas gafas, unos simples pañuelos de papel para el agüilla de la nariz provocada por el aire acondicionado. Sin embargo, en algún momento amargo de la historia de la aviación, empezamos a descubrir lo que era llegar a las cintas de equipaje y no encontrar nuestra maleta. Y esperar y reclamar, y tener que ir a comprar un bañador de subsistencia, hasta que la línea aérea diera una buena noticia o una pírrica indemnización. Esto ya no ocurre con tanta frecuencia, casi no pasa, pero muchos nos quedamos con la manía casi supersticiosa de llevar los objetos de valor en el equipaje de mano, y también una muda para un par de días, por lo que pudiera pasar.

Llegó también el momento en que dejaron de darnos de comer por la cara y empezaron a cobrarnos un ojo de la cara por darnos de comer. Las compañías decidieron que en los vuelos cortos se puede sobrevivir perfectamente sin la loncha de pavo del menú. Y es cierto, pero cuando esos vuelos se embarcan a la una del mediodía y sabes que no vas a llegar a un lugar con comida caliente hasta las cuatro de la tarde, pueden darse situaciones de hambruna. Entonces pasan las azafatas con un carrito de comida y una tabla de precios que equipara el gramo de pan con el kilate, y las patatas fritas con los cristales de Swarovski. Al final la gente previsora opta por llevarse el bocadillo del aeropuerto y los aún más previsores, por llevarlo directamente de casa. Yo he visto auténticos picnics familiares con tuppers de ensaladilla, filetes empanados y cocacolas. Y no ponen el mantel de cuadros y la cesta de mimbre porque obstruye el acceso a las salidas de emergencia.

Equipaje de mano Luego, para colmo, llegó la T4 de Barajas que nos enseñó que la espera por el equipaje facturado puede ser más larga que el viaje en sí. Y lo que definitivamente acabó con la moderación fueron las low cost y el precio por llevar equipaje en la bodega. Es el momento que en la historia de la producción de maletas debe conocerse como el boom de los trolleys. La medida que provocó la superpoblación de maletas con ruedas campando por los pasillos de la terminal como manadas de búfalos en la sabana.

Por si fuera poco, la más reciente medida de permitir el uso de aparatos electrónicos a bordo, para alegría de los viajeros tecnológicos, fomenta cargar con el smartphone, la tablet, el ebook, el portátil, y el ordenador de mesa y la impresora si te descuidas.

La experiencia del equipaje de mano

Equipaje de manoResumamos: metes en el equipaje de mano los objetos de valor, el bocadillo, la cocacola, la ropa de abrigo para una semana en Copenhague, un bañador de subsistencia, todos los dispositivos electrónicos del Media Markt, y unos pañuelos de papel, por si acaso.

Es imposible que todo quepa en las medidas estándar de bultos y maletas que podéis consultar aquí, pero es que cada uno mide como dios le dio a entender. El equipaje de mano es el mayor relativizador del sistema métrico decimal después de los genitales.

Con este cuadro te colocas en la cola de embarque con toda tu dignidad, y cuando anuncian por megafonía que hay problema de espacio en la cabina, tú miras el móvil como si no fuera contigo. Cuando la azafata hace un recorrido de inspección, tú pones un abrigo sobre la maleta para esconder su tamaño, y cuando al fin pasas el control de tarjeta de embarque la pasas al otro lado tapándola con tu cuerpo. Toda una estrategia.

Por fin subes al avión, buscas desesperado un hueco, aplastando los bolsos, abrigos, dispositivos y tuppers del resto de pasajeros, hasta que llega la amable azafata que te arranca la maleta de las manos (dejando así de ser “de mano” para ser un equipaje vulgar y corriente) y la miras marchar como quien ve a una novia marcharse de Erasmus, preguntándose si la volverá a ver. Y pasas el viaje así, como cuando dejas tu abrigo en el guardarropa de una discoteca y tienes que beber para olvidar la desagradable sensación de que no lo encontrarás al final de la noche.

Hay quien ya ha inventado una solución llamada Airport Jacket que permite cargar con hasta 15 kilos de ropa y complementos en una chaqueta. A primera vista me recuerda a las clásicas gabardinas de los vendedores de contrabando, que llevan encima un muestrario de relojes de dudosa procedencia, pero quién sabe, podría convertirse en el nuevo boom de la industria textil.

Entre tanto os dejo con esta advertencia de Ryanair que resume perfectamente esta entrada:

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