Viajar en carnaval

¿Se debe viajar en carnaval?

Un viaje al carnaval es como el carnaval en sí mismo, alocado, extraño, difuso, difícil de recordar. Visitar una ciudad en carnaval es visitar una ciudad disfrazada, con habitantes disfrazados y costumbres muy diferentes a las habituales. Cuando uno se va de viaje en estas fechas a, por ejemplo, Cádiz, no se visita Cádiz, sino el Carnaval de Cádiz, que es como La Habana pero con más salero. O no era así. El caso es que es un destino completamente distinto.

Tal vez lo recordaréis: hace unos cuantos años, el Domingo de Piñata coincidió con unas elecciones. Las autoridades locales de las ciudades más carnavaleras intentaron sin resultado aplazar los comicios para evitar incidencias y una campaña poco seria (esto último fue puro cinismo). El Gobierno ignoró la petición y la Junta Electoral lo despachó advirtiendo que no estaba permitido votar con la cara cubierta. Sin embargo, no se dijo nada acerca de la actitud jocosa de los votantes, o de su estado de embriaguez, y así salieron los resultados. Para la próxima ya lo sabéis, no hay que votar en carnaval.

Me pregunto si deberíamos imponernos también esta restricción con respecto a otros ámbitos: no firmar hipotecas, no casarse, no viajar en carnaval… Sabiendo que muchos vecinos huyen de sus ciudades en carnaval ante la llegada de máscaras terroríficas y música atronadora, ¿por qué meternos nosotros en ese lío? Sobre todo teniendo en cuenta que la vuelta es dura, con agujetas, ojeras, falta de sueño, recuerdos difusos y restos de pintura o purpurina detrás de las orejas. Y todo para no ver nada de la ciudad.

carnaval en el aviónProbablemente estarían de acuerdo las sufridas tripulaciones de avión que se ven enfrentadas cada año a un tumulto carnavalero de señores borrachos con peluca, como si llevaran una despedida de soltero en cada avión. Sin ir más lejos, hace un par de días  a un buen hombre que viajaba ya bailando camino del Carnaval de Barranquilla en Colombia, le dio por decir que llevaba una bomba en la mochila y tuvieron que desalojar al pasaje.

Y en ayuntamientos como el de Cádiz ya han tomado medidas en contra del turismo exprés de carnaval con borrachera incluida, para evitar esos viajes desde otras ciudades andaluzas que ofrecen un pack de chupitos junto al billete de autobús y la posibilidad de dormir la mona en un cómodo parque de la ciudad.

Entonces ¿por qué viajar en carnaval?

Durante estos días tiene lugar una peregrinación como la de Navidad -tal vez no tan masiva, pero más alborotada- en la que multitud de personas viajan con la intención de pasar unos días festivos con un gorro en la cabeza y un vaso en la mano.

Los viajeros más rumbosos escogen Brasil o Venecia, según el nivel de desnudez que quieran ponerle a su viaje. Y en España, hace tiempo que están agotados o con precios prohibitivos, los billetes de avión y tren hacia Santa Cruz de Tenerife, Cádiz o Águilas, los tres carnavales declarados de Interés Turístico Internacional, que cada año reciben a cientos de miles de viajeros en busca de unas de las fiestas más divertidas del mundo. Ahí no queda la cosa, porque otra multitud de viajeros regresan a sus pueblos de origen, afirmando que sus carnavales son los mejores del mundo, del país o de la comarca, según la ambición de cada uno. Y, al contrario que en Navidad, sin ningún tipo de paz ni más armonía que las de las comparsas.

Entre esos carnavales los hay de todos los tipos y con las costumbres más extrañas: batallas de trapos en Laza, desfiles en pijamas y zapatillas en Tolosa, ajusticiamientos en Lantz, un juicio a un besugo en Santoña, brujas en Mundaka, y muchas más rarezas. Puestos a viajar, deberíamos hacerlo en plan antropólogos para saber de dónde salen estas extravagancias.

Barco de los indianos hacia La PalmaUno de los carnavales más viajeros, en la forma y en el concepto, es el que se celebra en la isla de La Palma, y que rememora el viaje de vuelta de los emigrantes después de haberse enriquecido en América. A estos nuevos ricos vestidos de lino blanco y sombrero de paja se les conoce como los indianos y se les recibe en el puerto de Santa Cruz de La Palma con música caribeña… y polvos de talco. Eso sí, los que mejor se lo pasan son los que empiezan la fiesta en alta mar, en los barcos que les llevan a La Palma desde las otras islas.

En definitiva, hay tanta curiosidad y diversión por ver, que a la pregunta de si se debe viajar en Carnaval contestaré que sí, se bebe. Y no me he equivocado de verbo.

Y para que empecéis a planificar el próximo viaje, os dejo con una aerolínea muy carnavalera que hizo de las suyas hace unos años en el aerouerto de Tenerife Norte:

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