Puente Aéreo de Iberia

La solidez de un Puente Aéreo

La noticia viajera del día es que Iberia le ha dicho a Vueling que échame una mano prima, que no me salen las cuentas, y juntas han renovado el Puente Aéreo ente Madrid y Barcelona (o entre Barcelona y Madrid, que no sé por qué siempre se pone una primero y la otra detrás, y yo no quiero herir susceptibilidades).

El nuevo puente aéreo consiste en 26 vuelos por sentido, operados por las dos compañías, que despegan cada hora o cada 15-30 minutos en las horas puntas, y para el que no hace falta reserva. Vamos, más o menos lo que ya existía y que sigue siendo la opción preferida para los hombres y mujeres de negocios que asisten en la otra ciudad a importantísimas reuniones que se sabe cuando empiezan pero no cuando acaban. O para aquellos impulsivos que de repente un día les da un no sé qué de volar a Barcelona y se presentan en el aeropuerto sin billete, que también los hay.

Pero ¿qué es un Puente Aéreo?

El término Puente Aéreo, tan metafórico y literario como parece, tiene orígenes militares, y se refiere a la operación de acceder por aire a una zona rodeada por territorio enemigo para poder establecer en ella un nuevo frente, facilitando la logística con un desembarco continuo de soldados y armas. (Aviso: esta referencia tras el binomio Madrid-Barcelona no pretende sugerir ningún drástico desenlace a la cuestión política).

Tan funesto contexto tenía este término, que al parecer su origen tuvo lugar al inicio de la Guerra Civil Española, cuando se estableció el primer puente aéreo de la historia para trasladar a las tropas sublevadas en Marruecos hasta la Península, sobrevolando la flota republicana que dominaba el Estrecho de Gibraltar.

Los alemanes, que participaron en aquella operación, se la apuntaron para ponerla en práctica en la II Guerra Mundial, cuando en el invierno de 1942-43 establecieron un puente aéreo para abastecer a sus ejércitos rodeados de nieve y soviéticos durante la batalla de Stalingrado. No les sirvió de mucho.

Pero el Puente Aéreo más famoso, por su repercusión y trascendencia, fue el que se estableció entre la Alemania Federal y el sector occidental de Berlín, para poder abastecer a la población aislada por el muro, y de darle con un puente en los dientes a los soviéticos. También fueron los estadounidenses los que levantaron el puente aéreo más voluminoso de la historia durante la Primera Guerra del Golfo en 1991, para hacer su desembarco en Kuwait.

El Puente Aéreo comercial

El término fue adoptado por la aviación comercial para hacer referencia a un trayecto de mucha regularidad, como si de una línea de autobús se tratara. Los pioneros fueron los brasileños, que conectaron Río de Janeiro y Sao Paulo en 1959. En 1961, los estadounidenses, que son muy de copiar y mejorar, crearon el Eastern Air Shuttle a tres bandas, estableciendo un servicio de vuelos que despegaban cada hora entre Nueva York, Washington y Boston. No había necesidad de reservar asiento, los billetes costaban entre 12 y 14 dólares, y se podían pagar una vez subidos a bordo del avión. Lo dicho, como un autobús. Podrían haberlo llamado Airbus si el nombre no estuviera cogido.

Esto, claro, fue mucho antes de las normas de seguridad de la aviación, y antes de que el servicio fuera vendido a Donald Trump y pasara a llamarse Trump Shuttle… (Lo sé, tiene que aparecer en todas partes, y además el dato hace pensar en la desagradable aunque posible nomenclatura de United States of Trump). A Trump el juguete solo le duró tres años antes de tener que malvenderlo a USAir Shuttle, que ahora forma parte del batiburrillo de compras y ventas de las aerolíneas estadounidenses.

El Puente Aéreo Madrid-Barcelona

Pero volvamos a lo que nos ocupa: El 2 de noviembre de 1974, el presidente de la Iberia de entonces se subió a un avión en Madrid y se bajó en Barcelona para abrazar al alcalde, y así dio por inaugurado el puente aéreo que nos dura hasta la actualidad.

En 2006 el trayecto Madrid-Barcelona fue la ruta aérea más transitada del mundo, es decir, la ruta con mayor número de vuelos, superando la de Río-Sao Paulo ¡A los mismísimos inventores! ¿Cómo os quedáis? Sé lo que os estáis preguntando ¿Qué pasaba en España en 2006 para que hubiera tanto trasiego entre Madrid y Barcelona? Pues mira, era la época ZP, había talante y buen rollo entre las dos ciudades, se estaba elaborando el tan traído y llevado Estatut de Autonomía, y se ve que lo traían y lo llevaban en avión. Mucho político que viene y va.

Podría ser, aunque es más lógico acordarse de que eran los felices años 2000 (este apelativo no cuajó por razones obvias). Aquellos de antes de la crisis, cuando el turismo internacional aún no se había dado el batacazo y a todo el mundo le daba por viajar a, por ejemplo, España, que era uno de los primeros destinos mundiales, igual que ahora, pero con más posibles. Y además, con una Iberia subida en la cresta de la ola, que hacía de principal conexión entre Latinoamérica y Europa. Dato importante, porque a los que conectaba de un lado y de otro los movía entre el aeropuerto del Prat y su recién estrenadita terminal T4 de Barajas, donde había tanto sitio que, mientras sacaban brillo a los azulejos, despegaba y aterrizaba todo el que quería.

Pero Iberia no era la única, además del puente aéreo, la ruta Madrid-Barcelona (y Barcelona-Madrid) estaba también copada por los vuelos de Air Europa, Vueling, la multitud de aerolíneas extranjeras subidas en sus propias crestas antes de las quiebras y las fusiones, y, acordaos, Spanair, que aún le quedaban unos años para desaparecer y por entonces quería hacerse fuerte en Barcelona. En total, hasta unos 60 vuelos al día entre las dos ciudades. Pasaba más gente por encima del Ebro que de un lado al otro de la Gran Vía.

El declive del Puente Aéreo

Y entonces ¿qué pasó? Pues pasó que en 2008 cambió la tendencia: aquel año estalló la crisis, la internacional y la doméstica, y llegó el tren para matar a la estrella del avión. Bueno, no tan drástico. El primer mes, el AVE Madrid-Barcelona (y Barcelona-Madrid porque muchos volvían) trasladó a más de 300.000 pasajeros, y así, pasito a pasito, suave, suavecito, ha ido aumentando su cuota de manera que en la actualidad, más del 60% de viajeros escogen el tren frente al avión.

Entre una cosa y otra, el puente aéreo ha sufrido una agonía lenta en forma de pérdida de pasajeros que, o ya no viajan porque no tienen a donde ir ni dinero para hacerlo, o porque ya no quieren desplazarse hasta el aeropuerto y pasar el engorro del embarque y vuelo, pudiendo viajar cómodamente en la cafetería del tren.

Pero no adelantemos acontecimientos, según Eurostat la ruta Barcelona-Madrid (tanto monta) sigue siendo la segunda ruta aérea más transitada en la Unión Europea, y, con la renovación de estrategia que se estrena hoy, la recuperación económica nacional y mundial, y la capacidad de Iberia para resurgir, quién sabe, igual vuelven a hacer sólido el puente.

 

2 comentarios en “La solidez de un Puente Aéreo

  1. Si no me equivoco, la aerolínea precursora del puente aéreo fué Eastern, que ya lo operaba en 1961 entre Nueva York ,Washington y Boston. Yo volé y el billete se pagaba a bordo tras rellenar un impreso en la sala de espera.

    1. Hola Ángel! Gracias por corroborar con tu experiencia lo que explica el artículo! ¿Qué tal fue?
      Solo una apreciación: como se indica en el texto, parece que el puente Río-Sao Paulo fue anterior al Eastern shuttle, solo que no con las mismas facilidades.

      Un saludo!

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