Santa Cruz de Tenerife

La moderna Santa Cruz de Tenerife

Nunca había escrito en este blog sobre Santa Cruz de Tenerife, y no porque no la conozca, al contrario, tal vez porque al conocerla tanto se genera una responsabilidad por describirla que no concuerda con el estilo desenfadado e impreciso de este blog. Afortunadamente la invitación al Travel Bloggers Meeting (que viene a ser una reunión de blogueros de viajes, ay, esos idiomas) celebrado en la isla, vino como anillo al dedo para conocer Tenerife como un viajero más y de la mano de guías que sí saben de lo que hay.

Hay que empezar por decir que Santa Cruz es una ciudad bonita, aunque no en el sentido ibérico. Vista desde lejos es una urbe coqueta, atrapada entre el océano Atlántico y las montañas de Anaga y surcada por ramblas de frondosos árboles y abundantes flores.  Sin embargo, lo que le falta es un casco histórico, de esos con murallas y edificios y monumentos antiquísimos y emblemáticos. De eso no hay, o al menos no como en las ciudades que estamos acostumbrados a visitar en España y Europa.

Pero es que la visita a Santa Cruz no hay que hacerla con los ojos de quien va a visitar Toledo, Granada o Santiago. En un país con tanto patrimonio histórico, Santa Cruz destaca por lo contrario. Por eso, para visitarla y describirla, hay que empezar por el dato fundamental: Santa Cruz es la capital más moderna de España. Y no por las barbas y los pantalones pesqueros de sus habitantes, que de eso hay en todas partes, sino moderna en el estricto sentido histórico.

Un poco de historia para entender Santa Cruz

Santa Cruz de Tenerife se fundó hace poco más de 500 años como un pueblo de pescadores, y no fue hasta 1833 cuando en la reestructuración provincial de España se le otorgó la capital de la provincia de Canarias. Os lo voy a decir de otros modos para que relativicéis: cuando se fundaron ciudades como Cádiz, Salamanca o Ávila, la isla de Tenerife probablemente ni siquiera estaba habitada. Cuando Córdoba se convirtió en capital de un imperio, lo que hoy es Santa Cruz era apenas un refugio para los guanches. Cuando Colón descubrió América, Tenerife no había sido conquistada aún por Castilla. Y cuando Santa Cruz comenzó a desarrollarse, en Madrid ya habían tirado los edificios antiguos para hacer otros nuevos. Conozco gente que vive en anónimos edificios madrileños mucho más antiguos que cualquier monumento de Santa Cruz.

Iglesia de la Concepción Santa Cruz de TenerifeMerece la pena visitar, para entender cómo empezó todo, los alrededores de la iglesia de la Concepción y la calle de la Noria, con sus pequeñas casas coloridas, recordando los colores que les daban los pescadores después de pintar la barca, y que ahora viven con el color que le aportan las agrupaciones del Carnaval, que tienen sus sedes en la zona, junto a los bares y terrazas de moda.

Casi más antiguos que estas calles son los restos de las antiguas fortificaciones para defender la isla de piratas o comandantes ingleses, según quien pasara por allí, y que aún se conservan en algunos puntos de la costa. Por ejemplo, los restos del castillo de San Cristóbal se pueden visitar bajo el lago de la Plaza de España.  Porque sí, para esto también es moderna Santa Cruz: La Plaza de España aquí no tiene adoquines sino una pequeña laguna artificial de agua salada, cuyo nivel sube y baja como la marea, y que está adornada por jardines inclinados que esconden la oficina de turismo.

Lo imprescindible en Santa Cruz

La Plaza de España es el centro de Santa Cruz (no el geográfico, porque se encuentra frente al puerto, pero sí el neurálgico), con su monumento a los caídos y rodeada de algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad como el Cabildo, el edificio de Correos, el Casino, o el moderno edificio Olimpo, y junto a las puertas de la Alameda del Duque Santa Elena.

Junto a la Plaza de España, y mucho más grande, está la Plaza de la Candelaria, lugar de terrazas y celebraciones, y en ella, la Casa de Carta, uno de los edificios más antiguos (recordad, antigüedad relativa) que puede pasar desapercibido a primera vista, pero que esconde uno de los patios canarios mejor conservados de la isla.

Monumento al Chicharro y Drago en Santa CruzA partir de ahí y siempre subiendo, porque en Santa Cruz todo es una cuesta pronunciada, están la Calle Castillo, principal calle comercial (donde los cruceristas aún llegan a comprar tecnología y ropa sin IVA, y alcohol y tabaco sin impuestos); el entorno de la Iglesia de San Francisco, la Plaza del Príncipe, el monumento al chicharro que da apodo a los santacruceros, la Plaza Weyler con el edificio de la capitanía militar, y muy cerca el ayuntamiento…

Todo esto, que hace las veces de “casco histórico”, se puede recorrer durante la mayor parte del año en un agradable paseo, pero en invierno se convierte en territorio carnavalero, donde la música suena en cada esquina y es difícil avanzar entre disfraces y pelucas. Hay que elegir bien en qué época visitarlo: siguiendo el tumulto del famoso carnaval santacrucero (el primero declarado de Interés Turístico Internacional en España), o con un buen guía oficial el resto del año. O mejor, visitarlo en las dos, porque veréis ciudades distintas.

Auditorio y Parque Marítimo Santa Cruz de TenerifeLa ventaja de no tener palacios y catedrales ruinosos es que Santa Cruz también es una ciudad moderna arquitectónicamente. Para poder admirar la mejor arquitectura contemporánea, existen tours guiados por algunas de las construcciones más significativas como el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), el Palacio de Gobierno, el Recinto Ferial o el Auditorio de Calatrava que se encuentra (asombrósamente sin caerse) junto a otro castillo, el de San Juan, y el parque marítimo diseñado por César Manrique.

Santa Cruz es bonita y moderna, y la mejor prueba de que la combinación es posible.

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