5 cosas que no debes hacer en Jerusalén

Jerusalén es una ciudad distinta a las demás, eso hay que reconocerlo. Es apasionante y complicada, por eso no viene mal hacer alguna que otra recomendación. Sin ningún tipo de fundamento, todo hay que decirlo:

No provoques a los judíos ortodoxos

Lo sabrás en cuanto les veas mirarte fijamente bajo su sombrero negro y sus bucles: a los judíos ortodoxos no les gustan los turistas. Y aunque pretendamos ir de viajeros infrecuentes / visitantes alternativos, hay que asumirlo, somos unos turistas más. Si hay algo que les gusta aún menos que los turistas, aparte de los palestinos, son los turistas que no respetan sus costumbres, así que compórtate, haz el favor. Puedes visitar sinagogas y otros lugares sagrados como el memorial del Museo del Holocausto, pero siempre acordándote de guardar silencio y cubrirte la cabeza. En la mayoría de sitios te darán un solideo para cubrirte, pero basta con una gorra. Eso sí, luego cuando entres a una de las muchas iglesias cristianas acuérdate de quitártelo. La visita a Jerusalén se puede convertir en un constante quita y pon de sombreros.

También puedes visitar la simbólica tumba del mismísimo Rey David (sí, el de las mañanitas), en la fortaleza que lleva su nombre, pero ojo, en cuanto intentamos hacerle fotos, un señor con malas pulgas levantó su cabeza de la Torah y nos señaló con el dedo condenándonos al fuego eterno. O algo así, pero en hebreo.

Y sobre todo, sobre todo, no intentes dar la nota en el Muro de las Lamentaciones, que por menos se ha montado una guerra, literalmente. El muro occidental del templo de Jerusalén es lo que se cree que queda en pie del original templo de Salomón y por eso tiene una relevancia trascendental para los judíos. A simple vista es sólo un muro de piedra en una plaza, pero si eres un viajero observador te darás cuenta de que los controles de seguridad, los escáner y los soldados con metralleta no están ahí porque sea el lugar más pacífico del mundo. Puedes hacer fotos de lejos, puedes escribir tu deseo o ruego en un papel e introducirlo en una grieta, pero no des la nota, no hables alto, y no fotografíes a los judíos que rezan en el templo creado bajo los arcos del muro.

Muro de las Lamentaciones, Jerusalén
Muro de las Lamentaciones, Jerusalén

No preguntes mucho por la cúpula dorada

Hablando del templo, a lo mejor no te has dado cuenta porque no has visto un informativo en los últimos 30 años, pero los árabes y los judíos no se llevan muy bien, y Jerusalén y su templo han estado en el meollo del conflicto desde tiempos inmemoriales. El Templo de Jerusalén puede ser el lugar del planeta que más acontecimientos históricos ha vivido y la mayoría de ellos vinculados a la religión. Desde su construcción por el Rey Salomón hasta la intifada, pasando por las escenas de la vida de Jesucristo, las Cruzadas, la ascensión de Mahoma a los cielos o la llegada del nuevo Mesías de los judíos, que aún está por venir a derribar sus puertas.

Las constantes luchas y alternancias de poder entre las distintas religiones ha provocado que en cada conquista se haya demolido, modificado o construido a su mejor parecer alguna parte del templo, y así, cuando los israelíes volvieron a ocupar la ciudad en el siglo XX, se encontraron con que en su emblemático templo y centro de rituales de 4000 años de antigüedad, los árabes habían instalado -hace nada, unos 1300 años- un espectacular edificio de cúpula dorada, la Cúpula de la Roca. Parece que para algunos la pregunta era obvia… ¿Ahora que los judíos gobiernan la ciudad, derribarán la mezquita para devolver el templo a su estado ‘original’? Pues no lo preguntes, porque la respuesta puede ser el origen de la tercera guerra mundial y no querrás cargar con ello en tu conciencia.

 No vayas en Sabbath

Cuando llegó el viernes al atardecer notamos que Jerusalén se volvía una ciudad tranquila. Tal vez demasiado tranquila. Apenas había coches, las tiendas y bares estaban cerrados. En nuestro hotel había un ascensor que iba parando en cada planta automáticamente sin que nadie pulsara los botones. El sábado por la mañana comprobamos que no funcionaba la tostadora, ni había comida caliente y cuando quisimos visitar la ciudad descubrimos que no había transporte público. Era el Sabbath, día sagrado de los judíos, que empieza al ponerse el sol el viernes y en el que se debe descansar igual que lo hizo dios al séptimo día, por lo que los judíos más practicantes tienen prohibido realizar cualquier tipo de trabajo, incluido el de generar energía. Vamos, que no pueden ni pulsar un botón.

Como en todas partes, hay quién sigue más o menos estrictamente los preceptos de la religión, pero te aseguro que en Jerusalén hay muchos. Así que si visitas la ciudad en sábado, aprovecha ese día para hacer turismo a pie – un Vía Crucis suena apropiado- por los barrios no judíos del casco antiguo, es decir el barrio cristiano, el armenio y el árabe que estarán en plena ebullición como cualquier día, llenos de puestos de comida, ropa y souvenirs religiosos y paganos… Siempre que no coincida, además, con el Ramadán árabe. Si es así, planifica mejor tus viajes, qué quieres que te diga.

Nunca, nunca cruces la frontera de Allenby

Vamos a insistir: nunca, nunca, nunca, entres en Israel cruzando la frontera de Allenby, la más cercana a Jerusalén desde Jordania. Bueno, puede que haya gente que tenga más suerte que nosotros, pero para mí fue una pesadilla de 5 horas en colas, controles, interrogatorios y rodeados de una masa de soldados poco amigables y árabes enfurecidos. Vamos, yo creía que no salíamos de allí.

La conflictiva situación en Oriente Medio hace que la seguridad sea una prioridad muy por encima del trato al turista y, aunque hace 20 años que se firmó la Paz entre Jordania e Israel, los israelíes siguen asumiendo que viven rodeados de enemigos. Es por eso que no se andan con chiquitas y cualquiera que pase por allí es considerado un sospechoso. Si has viajado a Estados Unidos y crees que los controles de seguridad son exagerados, no has visto nada aún. Nuestra recomendación: Entra a través del aeropuerto internacional y procedente de un país occidental. No creas que te vas a librar de los controles exhaustivos, pero será más agradable y más corto que la frontera terrestre.

No te pierdas Jerusalén

Precisamente por todo lo anterior, Jerusalén no suele aparecer en las noticias por su atractivo turístico y mucha gente es reacia a visitarla, sin embargo para mí fue una gran sorpresa. Merece mucho la pena pasar unos días allí y recorrerla entera. A poco que a uno le guste la historia, independientemente de la religión que profese, puede encontrar aquí un sinfín de recovecos interesantísimos… Y unas experiencias ‘terribles’ que luego siempre puedes contar a los amigos.

 

 

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