Ver las fotos de los viajes de otra gente es un dolor solo soportable si: 1. Lo hacemos a través de las redes sociales y las despachamos a la velocidad de un «me gusta»; 2. La gente en cuestión hace el ridículo en dichas fotos; o 3.Los fotógrafos son muy buenos y hacen unas fotos impactantes.

Este último caso es el que me llevó a ver la exposición World Press Photo 2016, que muestra las obras galardonadas en la última edición del célebre concurso internacional de fotografía, y suponen una buena forma de dar una vuelta al mundo sin moverse de una galería. Actualmente se expone en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) y pronto pasará también por Vitoria, Barcelona, Sevilla o Lanzarote.
La exposición está organizada en tres espacios diferentes, y a lo largo de sus paredes se suceden las imágenes ganadoras en distintas categorías: naturaleza, deportes, vida cotidiana, actualidad, reportajes de larga duración, etc.
Dispuesto a seguir el orden con el que el comisario de la obra decidió que debía empezarse a ver la exposición -soy muy obediente-, me topé con la imagen de un minero de gesto cansado que apuraba un cigarrillo mientras la luz sujeta a su frente creaba contrastes con su piel. El cartel informativo junto al retrato indicaba que se trataba de un minero de Bhurkina Fasso de apenas 28 años, aunque aparentaba el doble, que dedicaba su vida a extraer oro mientras se exponía al mercurio y el cianuro que desprendía la mina.
Este primer ejemplo me bastó para comprender que tan impactante o más que la imagen, es la historia que hay detrás de cada una de ellas, por lo que no escatimé tiempo en leer las reseñas adjuntas a cada fotografía para entender mejor su contexto. Casi no acabo. Una adolescente ciega en el norte de Irán que se sitúa detrás de la ventana para sentir los rayos del sol en su rostro; los niños de una tribu brasileña a punto de extinguirse bañándose en el Amazonas; o un afroamericano encarándose a un policía durante las protestas raciales de Estados Unidos, son solo algunos ejemplos de lo que esconden las fotos.
Un continuo contraste entre fotos amables y escalofriantes
Al adentrarme en la galería encontré un grupo de chavales que señalaba y comentaba vivamente una de las secciones que rebajan la intensidad de la exposición: la categoría de deportes, siempre más amable, mostraba, por ejemplo, los preparativos y entrenamientos de un grupo de hockey sobre hielo en el norte de Rusia (como si hubiera alguna otra superficie en el norte de Rusia), una bonita figura de natación sincronizada en Suecia, un salto de esquí en Austria o un juego de sombras sobre una cancha de baloncesto estadounidense.
Justo en la pared de enfrente, casi a modo de contraste, una señora enjugaba disimuladamente sus lágrimas mientras contemplaba una serie de fotos que narraba, a modo de reportaje, los últimos días de una pareja, ambos enfermos de cáncer. Sin duda la historia es capaz de tocar una fibra sensible en cualquier espectador, pero es apenas comparable con la dureza que muestra la imagen, un poco más allá, de un cadáver tiroteado por las maras en Honduras.
En la segunda sección de la exposición se encuentra otro de los apartados estrella del concurso: las fotografías ganadoras en el apartado de Naturaleza, que incluyen primeros planos de orangutanes en Indonesia, una enorme ballena jorobada en las costas de México, exóticos camaleones de Madagascar, e incluso pingüinos en la Antártida. Junto a ellas, imágenes más inquietantes como la vida en Corea del Norte, la contaminación en China o una erupción volcánica en México.
La última sección de la exposición se encontraba más solitaria. Tal vez fuera una simple casualidad o quizás los visitantes se cansen antes de llegar allí, el caso es que me pareció paradójico que en aquella sección se recogieran numerosas fotografías que bajo el apartado “Actualidad” habían retratado la guerra en Siria y el drama de los refugiados. Precisamente el tema más candente y del que se acusa a las autoridades, y a nosotros mismos, de no prestar la suficiente atención, resultaba ser el que menos interés despertaba en la exposición.
Terminada la visita, salí con la sensación de haber hecho un viaje intenso por el mundo, sin duda interesante y necesario, pero no del todo agradable. Si podéis y os gusta la fotografía y lo que hay detrás de ellas, no os lo perdáis.

Debe estar conectado para enviar un comentario.