Hay dos Españas a la hora de desplazarse por la península ibérica, la que utiliza su propio coche cual rey de la carretera libre e independiente, y la que se mueve en transportes colectivos, acomodados en su asiento y mirando por la ventanilla, casi esperando que el pueblo se acerque a ellos, y no al revés, como la montaña y Mahoma. Entre estos últimos, la proliferación de vías de alta velocidad y el abaratamiento de los billetes de tren, está dejando fuera de juego al avión y al autobús, que empiezan a ser reliquias solo aptas para viajeros de negocios, residentes en pueblos inaccesibles y/o gallegos. Así que durante este puente he reducido la disyuntiva a ¿tren o coche? Y me he embarcado (qué irónico) en un experimento sin duda crucial para el futuro de las infraestructuras públicas en este país. Tiembla, futuro Ministro de Fomento.
El experimento ha consistido un doble trayecto, ida en coche-vuelta en tren, y requería, además, de una visita turística relámpago a la siempre entretenida Valladolid, un banquete de cordero, tapas castellanas, y varias copas y cañas con amigos. No me juzguéis por seguir mi propio método de estudio.
La comparación entre viajar en tren o en coche
La ida desde Madrid a Valladolid la hicimos a la hora que nos dio la gana, sin restricción de horarios preestablecidos por el sistema ferroviario opresor (punto para el coche). Pero no podíamos quitarnos de encima la tensión de consultar constantemente el reloj, sabiendo que salir después de las 3 de la tarde en plena operación salida significa un atasco terrible y desesperante. Al final sufres una inquietud innecesaria que no desaparece hasta el túnel de Guadarrama. Es el precio de la libertad.
El trayecto en coche dura el doble que en el tren, y eso siempre que cojas todas las salidas y desvíos correctos (punto para el tren). Pero el coche permite un oportuno desvío a la altura de, por ejemplo, Carbonero Mayor, para comer una deliciosa carne de buey. Aunque, todo sea dicho, cualquier comida sabe deliciosa a las 4 de la tarde, y el bocadillo de jamón y queso del Ave ha resuelto impecablemente muchos riesgos de inanición.
El coche, siempre que no sea de alquiler, será siempre más barato que el tren, pero cuando a la gasolina sumas los peajes y el coste del parking en destino, ya no hay tanta diferencia, especialmente si encuentras alguna promoción de RENFE. A poco que vuelva a subir el precio del petróleo habrá que reconsiderar esta variable.
En el coche ves paisajes, en el tren una Castilla ancha, pero difuminada. Tanto en uno como en otro, el viaje se hace más ameno o incomodo según a quién lleves al lado (y el grado de familiaridad no es garantía de lo uno ni de lo otro). El equipaje se lleva mejor en coche, pero el tren es más cómodo… En fin, no parece que haya una respuesta clara, y el INE y la DGT nos dicen que ambos medios están creciendo, será que la gente es más inquieta. Por cierto, en contra de lo que he dicho al principio, también aumentan los desplazamientos en autobús y avión, pero es que los gallegos viajan mucho.
Por mi parte, creo que me inclino por el tren, aunque sea solo por estirar las piernas, pero necesito de más experiencias para determinar un resultado con validez estadística. Os seguiré informando en cuanto el nuevo gobierno me conceda una subvención.

Debe estar conectado para enviar un comentario.