Caballé y Mercury interpretan Barcelona

Un himno para Barcelona

Barcelona es una ciudad a la que poetas y trovadores han cantado desde hace siglos, pero no hubo mejor excusa para dedicarle canciones como las Olimpiadas del 92. En los preparativos de aquella ocasión Montserrat Caballé y Freddie Mercury se unieron para interpretar lo que pretendió ser un himno y fue más bien excusa oportuna para unir a dos grandes talentos y personalidades.

Algunos pensaréis que esta entrada aprovecha el tirón publicitario de la película sobre Queen, Bohemian Rhapsody, o la reciente muerte de Montserrat Caballé, y estaréis en lo cierto. Pero es una oportunidad tan buena como otra cualquier de conocer una de esas canciones dedicadas a un lugar. Y lo podemos hacer en tres actos, como las óperas:

Primer acto: el encuentro de dos genios

En 1986 Freddy Mercury estaba en lo más alto de su carrera con Queen, llenaba estadios con su gira Magic Tour, y tal vez ya estaba pensando en un próximo proyecto que podría ser su segundo álbum ajeno a la banda.

Resulta que un día Mercury vio actuar a la Caballé en la Royal Opera House de Londres y empezó a barruntar un acercamiento a ella. Primero lo hizo discretamente, a través de su discográfica, y luego sin vergüenza ni tapujos a través de Informe Semanal, cuando la gira le trajo a España.

Caballé y MercuryLa soprano se dio por aludida, pidió unos discos de Queen para saber quiénes eran estos muchachos (el divismo, ya se sabe, te aleja de la realidad) y accedió a una entrevista. El encuentro se produjo en el Hotel Ritz de Barcelona a principios de 1987 y Mercury ya venía con algo preparado: en concreto se traía una maqueta, un reproductor y un productor, Mike Moran.

Freddie debía tener una vocación operística frustrada, jugaba en sus propios temas a utilizar registros de tenor, contratenor, barítono, falsetes… según le diera, y había experimentado con la ópera en la exitosa Bohemian Rhapsody. Dando un paso más, se propuso seguir explotando sus dotes vocales y creó junto a Moran una maqueta a modo de propuesta para cantar a dúo con la soprano.

Montserrat, diva internacional en las clásicas alturas de la ópera, tenía ganas de bajar al mundo terrenal del pop/rock y llegar a las masas como hacían sus colegas los tres tenores. Así que antes de embarcase a cantar con Sara Montiel o versionar a Mecano (hay que ver) aceptó la propuesta de Freddie, pero tirando la casa por la venta: ¿Por qué solo una canción? ¡Hagamos un álbum entero!

En esas estaban cuando apareció el comité organizador de las Olimpiadas de Barcelona que además de financiación buscaba canciones para encandilar al mundo y, como no podía ser menos, propuso a una de sus artistas más célebres e internacionales que participara en la creación de una canción oficial para los Juegos. Y ahí a Montse se le encendió la chispa y le propuso a Freddie hacerla juntos.

Segundo acto: la creación de una canción para Barcelona

Mientras la Caballé recorría el mundo de ópera en ópera, Freddy Mercury se puso manos a la obra junto al tal Mike Moran para escribir y componer un disco entero y una canción principal que daría título al álbum y que se presentaría al “concurso” para ser canción oficial de las Olimpiadas: Barcelona.

La canción cumplía el compromiso de situarse entre pop y ópera y permitir el lucimiento vocal de ambos artistas. De hecho estaba creada expresamente para ello, porque la letra… Ay, la letra. La idea de involucrar a Caballé en la canción oficial era lógica, no digo que no, pero la señora no era compositora ni letrista, solo cantaba operas de cien o doscientos años y además estaba muy ocupada como para aportar algo de su experiencia barcelonesa al contenido.

Y la participación de Freddie Mercury en la canción también era un seguro para su internacionalización, pero este señor debía haber pisado Barcelona dos o tres veces en su vida, así que se limitó a tratar el encuentro entre ambos artistas en la ciudad y adornarlo con unos cuantos lugares comunes. En dos idiomas, eso sí. Total, que la letra, seamos sinceros, tiene la particularidad de no decir nada sobre la ciudad:

“Barcelona, qué bonito horizonte, Barcelona, una joya al sol, por ti seré gaviota de tu bella mar”

Y poco más. Serrat te habría hecho algo más digno en la servilleta del cortado. El resto es la alusión a un encuentro en Barcelona que podía extrapolarse al encuentro que vivirían atletas y público durante los juegos:

“Barcelona, it was the first time that we met. Barcelona, how can I forget. The moment that you stepped into the room you took my breath away. Barcelona, la música vibró. Barcelona. Y ella nos unió”.

Pero quién se fija en la letra, si de hecho apenas se entiende, lo importante eran las voces. Por cierto, que ante la incompatibilidad de agendas, Mercury enviaba a Caballé maquetas de la canción en las que él mismo cantaba en falsete las partes que le tocaban cantar a ella y ni siquiera la grabación se pudo hacer conjunta.

Tercer acto: un himno “fallido”

La canción fue estrenada en mayo de 1987, pero no en Barcelona, sino en un escenario tan insospechado como una discoteca de Ibiza. No una cualquiera, la que entonces era el Ku, y hoy es el famoso Privilege. La actuación fue en playback y de allí salió el videoclip que todos conocemos y ha quedado para la posteridad porque la actuación principal, la de los Juegos, nunca se produjo.

En 1988 hubo otro concierto, esta vez sí, en Barcelona, pero tampoco cantaron en directo. Los artistas movieron los labios en el festival La Nit en la Plaza de Espanya ante miles de personas como adelanto a las Olimpiadas.

Freddie Mercury murió en noviembre de 1991, ocho meses antes de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, dejando a Montserrat compuesta y sin partenaire. Tras la muerte del cantante, como suele suceder, hubo un boom de ventas de sus discos y canciones, incluida “Barcelona”, que siguió sonando como canción promocional de las Olimpiadas y se utilizó como música de cabecera para la retransmisión de los Juegos en la BBC. Durante la ceremonia, la canción tampoco se cantó en directo, pero sí sonó sobre un vídeo promocional de la ciudad.

El dato que muchos aficionados y medios confunden a día de hoy, es que “Barcelona” nunca fue la canción oficial de Barcelona 92. El honor cayó en otro dúo de ópera y pop, y otra combinación de Cataluña y Gran Bretaña: Josep Carreras y Sarah Brightman interpretaron el tema oficial de la Olimpiadas compuesto por Andrew Lloyd Weber y que seguro que también tenéis en la memoria: La canción era Amigos para siempre/Friends for life. Aunque, todo hay que decirlo, los que se llevaron el gato al agua de la posteridad fueron Los Manolos, adaptando a rumba el verdadero himno oficial.

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