Un día en la vida de los españoles

Igual que hace tiempo que voy alabando los beneficios de los viajes con libros y los libros con viajes, podría decir otro tanto de las películas que nos invitan a viajar a algún destino desconocido, o presentan a nuestros actores favoritos recorriendo las mismas calles y monumentos que nosotros, o nos describen una sociedad mejor de lo que puede hacer una guía.

Con esta última intención, parece que ha surgido un nuevo género documental en el que son los propios ciudadanos los que nos cuentan la vida de un país grabando sus propios vídeos. Muy barato todo. El año pasado Televisión Española quiso replicar el proyecto Life in Day de Youtube -que luego se ha repetido limitado a países o ciudades concretas- y propuso a sus espectadores que grabaran un vídeo con cualquier fragmento de su vida cotidiana durante el sábado 24 de octubre. Desde entonces, la directora Isabel Coixet y su equipo se han encargado de filtrar los más de 20.000 vídeos recibidos de niños, perros y paellas, para crear una película que muestre un día en la vida de los españoles.

El resultado de Spain in a Day es sorprendente, y debo decir que mejoró mis expectativas. Dadas las características de su realización, no podíamos esperar que se tratara de una obra maestra del cine. Abundan las imágenes borrosas, desencuadradas, mal iluminadas, con sonido deficiente… En ocasiones le da a uno la impresión de estar reviviendo aquellos horribles programas de Vídeos de Primera en que las familias se grababan unos a otros con cámaras arcaicas, mientras se caían estrepitosamente en jardines, salones y vías públicas. Por otra parte, cuando alguno de los participantes intenta ser más profesional y guionizar su vídeo, la escena se convierte en algo forzado y se pierde la espontaneidad, como si fueran Mario Casas.

Dejando a un lado la calidad de las imágenes, el montaje de los 400 vídeos que finalmente se han utilizado para el documental es una obra de arte en sí misma, y entiendo que es ahí donde debemos alabar el mérito y la experiencia de la directora -que se caracteriza por alternar entre lo genial y lo cansino- y que ha conseguido crear una historia amena a base de retazos. Gracias a este montaje vamos viendo por orden cronológico, de la mañana a la noche, distintas escenas a menudo agrupadas bajo una misma actividad: los que trabajan, los que hacen deporte, los que cocinan, los que duermen, los que juegan… O bajo temas más profundos que destacan intencionadamente sobre los demás: la salud, el paro, las dificultades económicas, la inmigración y la emigración. Lo que viene siendo un retrato de España sin necesidad de paisajes (bueno, algún que otro lugar emblemático sí que aparece).

Otra solución brillante ha sido la de dar más protagonismo a ciertas historias permitiendo que varios “personajes” -si es que podemos llamarles así sabiendo que son reales- aparezcan recurrentemente, dando así continuidad y más empaque a la película: una bailarina, una enferma de cáncer, una anciana que no se acuerda de su edad o dos bomberos que van dando la hora a los espectadores. De esta manera, una vez acostumbrado a los vaivenes de las cámaras y los cambios constantes de escenas y personajes, uno se acaba enganchando a la narración y acaba descubriendo momentos que son sencillamente hilarantes, otros curiosos y otros que hacen hasta saltar las lágrimas.

En resumen, como película, Spain in a Day es técnicamente regular, aunque entretenida, pero como experimento, merece la pena verla. Y si además eres un turista que piensa visitar España, es una buena manera de empezar a conocerla.

 

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