Un día en Cuenca - Vista panorámica

Un día en Cuenca

¿Por qué pasar un día en Cuenca? Porque es una interesante ciudad de más de 1.000 años de antigüedad, declarada Patrimonio de la Humanidad, y situada en un marco natural impresionante. Además está a apenas dos horas en coche de Madrid (siempre que no te pelees con la señora del GPS, que a veces pasa), por lo que si unos amigos te invitan a una excursión a Cuenca, no puedes decir que no. A mí me pasó el lunes pasado.

¿Qué se hace en un día en Cuenca?

Pues caminar, como en casi todo el turismo moderno. Pero para empezar hay que resistir la tentación de aparcar en cada esquina para hacer fotos. Lo mejor es continuar hasta dejar el coche en el parking del castillo, que además de ser gratuito tiene la ventaja de mostrar unas buenas panorámicas de la ciudad y del cañón natural que forma la Hoz del Huécar.

Un día en CuencaEl Huécar, por si no lo estudiasteis en su día, es un afluente del Júcar, y entre ambos ríos rodean la colina en la que se asienta la ciudad de Cuenca, como si fueran a asaltarla, dándole esa sensación de fortaleza que tenían las grandes ciudades medievales. Al menos las que sobrevivieron.

Desde este punto, el más alto de la ciudad, también podéis empezar a asumir el desnivel que tiene Cuenca y que tendréis que combatir para visitarla, porque hay que patear Cuenca para poder apreciar sus callejones y pasadizos de ciudad antigua, que lo mismo te llevan a admirar antiguas iglesias, descubrir inesperados miradores o a conocer leyendas como la del Cristo del pasadizo. No os la cuento para no hacer spoiler, pero ya os podéis imaginar: romances, engaños, muertes y una muchacha que acaba en un convento. Vaya, ya os la he contado.

Lo indispensable en Cuenca

Si solo pasáis un día en Cuenca pronto descubriréis que tal vez os hayáis quedado cortos, porque la ciudad da más de sí, pero si las limitaciones obligan esto es lo que no hay que perderse:

Las casas colgadas

Un día en Cuenca - Casas colgadasNo colgantes, ni colganderas, ni ninguna otra derivación del término. Son casas colgadas, son el símbolo de Cuenca y se caracterizan por esos balcones salientes que se asoman al abismo de la Hoz del Huécar. El mejor lugar para admirarlas es desde el puente de San Pablo, una altísima estructura de hierro y madera que cruza el Huécar hasta el Convento de San Pablo, hoy Parador. Pero también se pueden ver desde dentro a modo de pequeño museo.

La Catedral

La catedral de Cuenca es el lugar a donde van los conquenses a rejuvenecer. Lo intuyo porque el interior del templo tiene unos diez grados menos que el exterior, lo que obliga a acelerar la visita a medida que se van entumeciendo las extremidades. Cobran entrada, algo con lo que no suelo estar muy de acuerdo, pero hay que decir que por apenas 4,80€ pude disfrutar de una gran catedral gótica y una audioguía que me explicaba en detalle todo lo que mi ignorancia me impedía entender. También es verdad  que a partir del punto 30 el tembleque de frío me hacía difícil atinar a las teclas.

Si tuviera que destacar algo, creo que serían las vidrieras, y eso que algunas son modernísimas y abstractas, pero también la sacristía, las salas capitulares (una con calefacción, ja) y alguna de las capillas como la de los Albornoz (pobre gente, con ese apellido). Pero lo que no figura en la audioguía y no hay que perderse es el patio de atrás de la Catedral y sus vistas, al perfil de cuenca sobre el abismo del que uno nunca se cansa.

¿Y de comer?

Pues como se come en Castilla, con abundancia y contundencia. Son muchos los restaurantes tradicionales que ofrecen platos típicos, pero nosotros optamos por el menú del restaurante las Brasas con su secreto ibérico y su sopa castellana para recuperarnos del frío catedralicio.

Por lo demás, vuelta a callejear hasta el coche y ya está hecho el día en Cuenca.

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