Split, la puerta de la Croacia turística 

Tras unas semanas cerrado por vacaciones -algo paradójico teniendo en cuenta que se trata de un blog de viajes- Viajeros Infrecuentes vuelve, retransmitiendo en vivo y en directo desde la potencia turística en alza de la vieja Europa.

Nuestras mochilas nos han traído hasta Croacia, el país que en veinte años -que ya sabemos que no es nada- ha pasado de las miserias de la guerra al boom turístico. La República de Croacia es ya uno de los 20 destinos más visitados del mundo y el sector turístico produce un 20% de su PIB (el de España, país turístico donde los haya, es un 16%), y todo principalmente gracias a su larga costa salpicada de miles de islas a cada cual más estupenda, y sus históricas ciudades.

Cada año vienen por aquí millones de turistas, principalmente centroeuropeos, pero también todos esos del resto del mundo que ya están un poco hartos de España e Italia, y que encuentran aquí las playas, paisajes y gastronomía que unas buenas vacaciones tienen que tener. Otra estadística de dudosa validez es la que dice que todos los que estáis leyendo esto seguro que conocéis a alguien que ha pasado por la costa croata en los últimos años, tal vez vosotros mismos, es el destino de moda.

Empezando por Split

El caso es que nosotros nos hemos sumado a la moda y nos hemos plantado en la costa dálmata, en vuelo regular y por la puerta principal, que no es otra que la ciudad de Split, el puerto de salida hacia esos paraísos de aguas cristalinas y rincones con encanto.

Split es, gracias a su puerto y su posición estratégica, la segunda ciudad más grande del país, después de la capital, Zagreb, aunque aún conserva sus trazas de pequeño pueblo pesquero convertido al turismo. La cosa no viene de ahora, tampoco os creáis, el primero que le vio posibilidades vacacionales a Split, entonces Spalato, fue el emperador romano Diocleciano, que como todo emigrado de provincias con algo de nostalgia, decidió hacerse una casita en su pueblo natal para huir de Roma en agosto.

La casita al final fue un palacio de amplios patios y jardines que con el tiempo se fue rellenando de viviendas hasta convertirse en el intrincado centro histórico de Split, por el que hoy es fácil perderse y además apetecible. Las ruinas medievales se superponen a las romanas en un laberinto de calles estrechas alicatadas de piedra blanca y en las que a cada paso hay un túnel, una esquina o una escalera que no se sabe muy bien a dónde llevan, pero seguro que albergan un bar o un restaurante.

Lo que hay que ver en Split

Entre estos recovecos cabe destacar algunos monumentos imprescindibles como el mausoleo de Diocleciano, convenientemente reaprovechado como catedral al más puro estilo de adaptación de la iglesia, con su campanario que ofrece vistas de la ciudad y la costa. Junto a ellos está el Peristilo, la plaza que hace las veces de centro de la ciudad y en cuyos escalones se puede tomar algo mientras escucha música en directo. Y en los sótanos del palacio, un bazar comunica con el paseo marítimo.

Avanzando por las calzadas romanas, o lo que queda de ellas, también encontramos ruinas de templos, palacetes, patios transformados en restaurantes de lujo o solares ruinosos en pubs de moda. Tras algún recodo, no sé muy bien cómo, conseguimos llegar a la Plaza del Pueblo, y más allá, a la Plaza de la República, ambas representantes de distintos periodos históricos de Split y tambien dignas de ver.

 

Del otro lado de esta laberíntica trampa de turistas está la Riva, el paseo marítimo bordado de palmeras y cafés y terrazas que dan a los embarcaderos del puerto desde el que salen todos los ferris, yates, barcas, catamaranes, y demás embarcaciones que en línea regular, turística o privada, permiten el acceso al mar de islas croatas.

Nosotros, como no podíamos ser menos, después de visitar la minúscula playa de Split, tambien nos embarcamos para seguir descubriendo por qué Croacia está tan de moda.

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