¿Se extinguen las estrellas de los hoteles?

En el firmamento hotelero aún observamos esas constelaciones de una a cinco estrellas que convenientemente sujetas a una placa nos indican la calidad de un establecimiento. Sin embargo, me pregunto si lo que vemos es solo la luz de unas estrellas que se extinguieron hace tiempo. Lo que quiero decir con esta metáfora cursilona, pero bien traída, es ¿para qué sirve el sistema de clasificación de hoteles por estrellas? o mejor ¿siguen sirviendo para algo?

Recapitulemos unas cuantas razones en contra:

hotel-estrellas-blogEl sistema de clasificación de 1 a 5 estrellas, aunque está muy extendido, no existe en todo el mundo. Unos utilizan letras, otros, cosas igual de brillantes como «Diamantes», y otros ni siquiera clasifican, allá cada uno donde quiera ir. Tal vez no lo sabéis, pero cuando habéis hecho una reserva desde vuestro país para alojaros en algún lugar exótico, es muy probable que la agencia o buscador de turno hayan traducido la categoría del hotel de ese país a la estándar de estrellas, y probablemente lo han hecho como buenamente hayan considerado, no se han ido allí antes para medir la habitación.

Entre los países que sí se rigen por la clasificación de estrellas existen diferentes criterios a la hora de otorgarlas, e incluso en países como España donde la competencia depende de las comunidades autónomas, puede haber diferencias entre una región y otra. ¿Entendéis ahora el por qué de todas esas conversaciones que empiezan por «Era un tres estrellas, pero…», O acaban en «…y eso que tenía 5 estrellas»?

hotel-letrero-luminosoAún más. Esta clasificación, al menos en España, se reduce prácticamente al tamaño de la habitación y a los servicios o utensilios que puedes encontrar en ella (teléfono, aire acondicionado, caja fuerte, etc.), pero no suele tener en cuenta el resto de instalaciones, por lo que muchos resorts, aquí y fuera, han intentando inventarse la categoría de 5 estrellas gran lujo, o incrementar hasta 6 o 7 estrellas, aunque no se recoja en ninguna clasificación.

Por lo que he podido averiguar, es el propio hotelero el que, mientras cumpla los requisitos mínimos, puede decidir la categoría de su hotel. Es decir, puede poner las estrellas que quiera; y os preguntaréis ¿por qué un hotelero rebajaría su categoría? Muy sencillo: tenemos muy asumida la clasificación por estrellas, que resulta algo más estable a lo que agarrarnos que el precio, tan variable según la época, el país o la ciudad. Es por eso que muchas personas descartan directamente los 4 o 5 estrellas a la hora de buscar alojamiento por presuponerlos demasiado caros. Cuando estas personas son los departamentos de viajes de una gran empresa que prohíbe a sus trabajadores alojarse en hoteles de 5 estrellas por ahorro de costes, el hotelero más hábil reducirá la categoría manteniendo el precio. El negocio antes que el orgullo.

En pleno centro de Madrid, en la calle Arenal, hay un hotel con muy buenas instalaciones, decoración de lujo, suites con vistas al teatro real de un lado y a la puerta del sol del otro, y que solo tiene dos estrellas. Eso sí, el precio por noche ronda los 100€. Este hotel en cuestión luce con más orgullo su calificación de «excelente» en TripAdvisor y su nota por encima de 8 en Bookingque sus estrellas.

Y ahí es a donde quería yo llegar: En el mundo de las redes sociales y aplicaciones, donde tenemos muy a mano las opiniones de otros usuarios en Google, Foursquare, o donde sea, y esas opiniones se aglutinan creando una calificación… ¿Siguen teniendo sentido las estrellas o nos fiamos más de las opiniones? ¿Son complementarias? ¿Se está extinguiendo la luz de las estrellas?

Os dejo pensándolo.

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