Rimini -Puente de Tiberio

Rimini, entre los monumentos y la playa

Tras una semana en Croacia y una noche atravesando el Adriático, llegamos a la Emilia Romagna italiana buscando las fuentes del lambrusco y encontramos un lugar que se pronuncia con retintín, como con la nariz arrugada de impertinencia: Rimini.

La ciudad y provincia de Rimini se encuentra en una franja llana atrapada entre los Apeninos y el Adriático y que hace tiempo fue un importante enclave de tránsito entre el sur y el norte italianos, por donde los romanos iban y venían comerciando o conquistando el (entonces no tan) ancho mundo.

Rimini - Arco de AugustoPara que quede constancia de ello han mantenido en pie durante más de 2000 años sus principales monumentos, uno a cada extremo del casco histórico, marcando la entrada y salida de dos de las principales calzadas romanas, la Vía Flaminia y la Vía Emilia, que se unían en Rimini.

Estos monumentos, que datan del siglo uno antes y después de Cristo respectivamente, son el Arco de Augusto que desde el año 27 a.c. es la puerta sur de la ciudad, y el Puente de Tiberio, que desde el año 21 d.c. facilita la entrada y salida por el norte sobre el río Marequia.

Entre puerta y puente, puente y puerta, aún se conserva un coqueto pueblo que se ha modernizado un poco más con los años. No mucho. Su amplia plaza de los Tres Mártires es el lugar donde una vez estuvo el foro romano y muchas de las calles y calzadas siguen el trazado romano, modificado, eso sí, con la atolondrada edificación medieval que impuso iglesias aquí y allá y una nueva plaza, la Piazza Cavour donde colocar los palacetes que luego serían edificios de gobierno.

Rimini - Templo MalatestianoPor lo que pudimos comprobar en nuestros paseos por la pequeña ciudad de Rimini, una vez acabados los emperadores, los que de verdad dejaron huella en la ciudad fueron los miembros de una familia con un nombre entre literario y de mal agüero: la familia Malatesta gobernó e influyó en la ciudad dejando tras de sí los otros dos monumentos relevantes y de visita imprescindible: el templo malatestiano y la fortaleza de Sismundo. 

Sin embargo, todos estos monumentos datan de mucho antes de que surgiera el principal atractivo actual de Rimini:

Las playas de Rimini

Playa de RiminiAunque en las recreaciones de los mapas antiguos pudimos ver que en su día el mar llegaba hasta las antiguas murallas de la ciudad, parece que algún tipo de sociedad anónima entre la naturaleza y la civilización han creado “de la nada” una enorme franja de un par de kilómetros de ancho que ha sido convenientemente ocupada por apartamentos y hoteles frente a una playa extensísima.

Rimini puede ser hoy en día hoy el equivalente italiano al Levante español: un continuo de establecimientos turísticos que se extiende sin fin a lo largo de kilómetros y kilómetros de costa. Al parecer, durante el ferragosto italiano, un multitudinario número de familias cogen a sus niños, sus bañadores y sus toallas y se plantan en las costas de Rimini para bañarse en el Adriático… Previo pago.

Playa de RiminiY es que, para nuestra sorpresa, hemos descubierto que muchos municipios italianos ceden el espacio de sus playas a concesiones que se encargan de mantener limpia su parcela a cambio de explotar el servicio de hamacas, sombrillas, duchas y chiringuito. Todo a precio de turista, por supuesto.

En Rimini la explotación se les ha ido un poco de las manos y ahora la amplia playa es un mar de sombrillas de colores -cada color para un administrador distinto- que impide ver el Adriático.

Pero esto es como los de las Galias: ¿Toda? ¡No!, parece que la misma ley que atiborra las playas de cobradores, también asegura que en toda playa debe haber un pequeño espacio totalmente gratuito donde poder tomar el sol sobre la arena, a la española.

Gracias -o por culpa de- su enorme playa, Rimini se ha convertido en una de esas ciudades que multiplican su población en verano, y por ello tras su primera línea de hoteles existe el equivalente a cualquier paseo marítimo lleno de bares, terrazas, restaurantes y pubs destinados a alimentar, entretener y emborrachar a esa multitud de visitantes.

Como veis, Rimini tiene de un poco de todo, para todos los gustos, y hasta para los que no les guste, la infraestructura turística ha ideado un sistema muy accesible de viajes y excursiones a llamativas poblaciones de alrededor, empezando por el Estado de San Marino. Pero eso os lo cuento en la siguiente entrada.

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