Miedo a volar - entrada de Viajeros Infrecuentes

Miedo a volar

Si yo fuera el CIS, que podría serlo y vosotros sin saberlo, os diría que el miedo a volar se encuentra entre las principales razones que imposibilitan o dificultan el placer de viajar, justo detrás de las limitaciones de dinero y tiempo. Me lo invento, pero lo que sí es cierto es que, según las estadísticas, el 25% de la población tiene miedo a volar en mayor o menor medida.

¿Por qué el miedo a volar?

La aerofobia, además de su acepción más literal de “miedo al aire” que sospecho que solo sufren los peces (corregidme si me equivoco, sirenos), es el término con que se define el miedo a volar, y puede surgir como un miedo irracional en sí mismo, o como resultado de la conjunción de otras fobias como:

  • La claustrofobia de pasar varias horas encerrado en la cabina de un avión.
  • La acrofobia o vértigo por situarse a 10.000 metros sobre el suelo.
  • La agorafobia o miedo a sufrir ataques de pánico en lugares públicos y extraños donde no se pueden evitar las situaciones difíciles o embarazosas.
  • Y luego está, claro, el miedo a la muerte, que también suele ser común al ser humano.

Miedo a volarComo todos llevamos un psicólogo dentro (además de un loco, lo que es muy práctico), sabemos que el miedo a volar, como la mayoría de los miedos, puede estar más o menos justificado por percepciones o realidades. Es decir, una persona que no haya volado nunca puede tener miedo a volar simplemente por la percepción que tiene de la experiencia (si no soy un pájaro, qué hago yo ahí arriba), o por la percepción generada externamente (un accidente de avión siempre es noticia y, además, trágica y aterradora). Pero también, y estos son los peores casos, por una experiencia propia traumática: un susto en un vuelo le trastorna las fobias a cualquiera.

Y luego están las supersticiones

El miedo es el campo de cultivo de las supersticiones. En situaciones que escapan a nuestro control, atribuimos a objetos o acciones que sí controlamos un poder sobrenatural, ya sea en sentido positivo o negativo. Por eso, según este artículo, en países tan civilizados como Suecia la compra de vuelos en un viernes 13 es un 30% menor que cualquier otro viernes del año. Y por esta misma razón hay muchas aerolíneas (seguro que os habéis dado cuenta) que no tienen fila de asientos número 13. Igual ocurre en China, donde el número 4 se pronuncia de forma similar a la palabra “muerte” y por eso han eliminado este número de los asientos.

En este otro artículo nos explican como hasta un 17% de los pasajeros se siente más seguro si pueden tocar el avión al entrar como quien pasa la mano por el manto del apóstol. Nada menos que un 15% de pasajeros lleva amuletos a bordo, y un 11% recitan algún tipo de oración. Muchos otros siguen algún tipo de ritual, cogen la mano del compañero de asiento (preferiblemente si no es un extraño), o vuelan solo a ciertas horas o con ciertas compañías que les dan “suerte” (entre las que, sospecho, no suele estar Ryanair).

Miedo a volarEn una ocasión, hace ya tantos años que podemos llamarlo “los inicios de la aviación”, viajé a bordo de un vuelo entre Zaragoza y Tenerife que resultó más turbulento que un amor de telenovela.  Viajaba junto a un animado grupo que no paraba de relatar las anécdotas de su viaje, desde las visitas a la Basílica del Pilar hasta las tiendas de suvenires que habían arrasado en la capital aragonesa.

A la altura del Mar de Alborán las charlas se acallaron cuando el avión empezó a contonearse y la tripulación nos avisó de que entrábamos en una zona de fuertes turbulencias. En poco tiempo los bamboleos del avión imitaron fielmente un extenuante baile tropical (llamémosle merengue, porque el reguetón no se había inventado).

A los tímidos suspiros contenidos, le siguieron voces de alarma, algún grito, varios sollozos, hasta que alguien muy oportunamente liberó la tensión con un comentario: “Anda que si con todas las vírgenes del pilar que llevamos a bordo, se cae el avión, es para ponerle un pleito a la iglesia”. El chiste relajó el ambiente, las turbulencias acabaron por pasar y en Tenerife brillaba el habitual sol de resurrección.

Cómo superar el miedo a volar

Cuando el humor y las supersticiones no funcionan, es mejor encomendarse a los datos: El avión es estadísticamente el medio de transporte más seguro, es decir, el que sufre menos accidentes con relación al número de trayectos y pasajeros. La probabilidad de tener un accidente en un avión es de 1 entre 2,5 millones. Ya sería mala suerte.

Y aunque cada vez que vemos un accidente en las noticias nos parece que todos los días se caen aviones del cielo, lo cierto es que los accidentes de avión no han parado de descender: 2015 y 2016 han sido los años con menor número de accidentes de aviación de la historia.

Miedo a volarSin embargo, y esto lo sabéis todos los que compráis lotería de vez en cuando, la ley de la probabilidad no es algo a lo que solemos prestar atención los ciudadanos de a pie. Por eso existen muchos cursos (patrocinados conveniente por aerolíneas) y toda una lista de consejos para ayudar a superar el miedo a volar, entre los que se encuentran algunos muy simples:

  • Si es la primera vez que vuelas es conveniente que te informes con antelación de todo lo que vas a vivir durante el vuelo y concienciarte para ello. Que nada te pille por sorpresa.
  • Dentro del avión es bueno evitar las ventanillas si crees que te va a dar vértigo. Puedes sentarte junto al pasillo y fingir que vas en autobús.
  • También es bueno situarse cerca de las alas para evitar sentir tanto las turbulencias.
  • Sentarse en la salida de emergencia es bueno si te hace sentir más seguro, pero es mejor alejarse de ella si te va a recordar el peligro durante todo el vuelo.
  • Medícate para relajarte y dormir, solo si tienes receta para ello, o tómate un lingotazo si no la tienes (con prudencia, recuerda que la sombra de Melendi aún se extiende a lo largo de los vuelos trasatlánticos).
  • La distracción es el mejor amuleto: lee la revista de la aerolínea, haz crucigramas, utiliza los programas de entretenimiento a bordo, charla con el vecino de asiento. O, por supuesto, lee un buen libro lleno de historias de viajes pero sin accidentes como Viajeros Infrecuentes. Ejem.

Por mi parte, aunque por fortuna no tengo miedo a volar, creo que preferiría aplicar la vieja filosofía de “si un problema no tiene solución, ¿para qué preocuparse?”.  Me explico: cuando viajas en coche debes atender a todo lo que pasa y reaccionar ante cualquier peligro: dar un volantazo, pisar el freno o avisar a voz en grito si eres el copiloto. El miedo a un accidente te mantiene alerta. Sin embargo, si hay problemas en un avión es muy improbable que la salvación dependa de ti, a no ser que seas Nicolas Cage o la virgen del Pilar, por lo que tu miedo a volar o nerviosismo no va a servir de nada, así que relájate y disfruta del vuelo.

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