Bilbao Museo Guggenheim y Puente de la Salve.

Lecciones de urbanismo en Bilbao

Subir al mirador de Artxanda, en una de las colinas que rodean Bilbao, es como asistir a una lección de urbanismo en vivo y en directo, y a lo grande. Desde ese punto privilegiado, siempre que lo permita la niebla, se pueden señalar los contornos y edificaciones de la ciudad a través de sus distintas etapas. Propongo que a los turistas nos convaliden algún curso de arquitectura o paisajismo solo con la visita.

Recuerdo que la primera vez que fui a Bilbao, de pequeño, me pareció una ciudad gris, agobiante, oscura. No tanto como la segunda vez, que solo la vi de noche y dentro de los bares, o eso es lo que recuerdo. La tercera y cuarta vez estuve prácticamente de paso, y solo pude atisbar algunos de esos cambios que se comentaban. La semana pasada, por fin, harto de oír hablar de esa famosa transformación de Bilbao que nos llevan contando 20 años, volví a visitarla con mi familia para comprobarlo de primera mano, calle a calle, y con la ayuda del testimonio histórico de mis padres que la vivieron cuando aún olía a hollín.

El comienzo de Bilbao

Todo empezó, la historia de Bilbao y nuestra visita, en ese recodo formado entre la ría y el monte que sostiene al santuario de Begoña. Este fue el lugar elegido para fundar una nueva ciudad allá por el año 1300, y que hoy se conoce oportunamente como el casco viejo, o las famosas Siete Calles, las primeras que se establecieron y que discurrían en perpendicular a la ría.

Ayuntamiento de BilbaoNo sé si ahora son exactamente siete porque las recorrimos sin mucho orden, pero en nuestro recorrido descubrimos los extraños ángulos que forma la Catedral, encajonada entre las callejuelas; la coqueta y concurrida Plaza Nueva, (muy histórica para ese nombre); o la Plaza de Unamuno, rodeada de edificios antiguos y museos. Eso sí, lo más bonito del recorrido fueron, sin duda, los exquisitos pintxos que adornaban las barras de los bares y poco más tarde nuestros estómagos.

Saliendo del casco viejo, pero aún del lado rico de la ría, pudimos admirar dos imponentes y característicos edificios que representan muy bien la etapa de gran crecimiento de Bilbao: el Ayuntamiento y el Teatro Arriaga, con estilos modernistas, o neobarrocos, o eclécticos, o un poquito de todo. Son solo la antesala a lo que se encuentra al otro lado del puente del Arenal.

Y cómo creció Bilbao

Llegó un momento en que las siete calles ya no fueron suficientes para contener el crecimiento industrial y económico de Bilbao, y ni siquiera un margen de la ría daba cama para tanta gente. Por eso se planificaron muchos proyectos para ensanchar la ciudad -y todos se quedaron cortos- hacia el otro lado.

Alhóndiga de BilbaoEl eje principal de este ensanche es la larga avenida de Don Diego López de Haro, a la sazón fundador originario de la ciudad, aunque se abrevia como Gran Vía, para qué complicarse. Con 50 metros de ancho y kilómetro y medio de largo, la Gran Vía se extiende hasta la plaza del Sagrado Corazón, otro símbolo de la ciudad, pasando por el que es considerado el centro de Bilbao, la Plaza Moyúa. A un lado y otro pudimos ver los ricos edificios y palacios de la burguesía bilbaína que hoy son sedes de bancos, instituciones o cadenas comerciales.

En esta ordenada red de calles y manzanas destacamos La Alhóndiga, el antiguo almacén de vino reconvertido, con el rediseño de Philip Stark, en centro de ocio y cultura. No visitamos sus salas pero sí su amplísimo vestíbulo y su terraza, caña incluida, para admirar la combinación entre el modernismo del ensanche y la corriente postmoderna que ha florecido por las esquinas de Bilbao.

La ciudad de la arquitectura moderna

Cuando los bilbaínos tuvieron la brillante idea de sacar la industria de la ciudad, les quedó junto a la ría un hueco considerable que decidieron rellenar con lo último en arquitectura y arte moderno. Y ahí llegó, en forma de mole deconstructivista y vestida de titanio, la estrella de Bilbao: el Museo Guggenheim.

Escultura Mamá Museo Guggenheim BilbaoEste año se cumple el 20 aniversario de este museo/monumento. Apenas un par de décadas para convertirse en el símbolo de una ciudad con siete siglos de historia, y uno de los principales destinos turísticos de España. Como es de visita obligada, no perdimos la oportunidad de darle un rodeo y volver a ver las famosas y no por ello menos sorprendentes esculturas que lo rodean, desde arañas gigantes a perros de flores pasando por esculturas de niebla (sic).

Pero no solo de Guggenheims vive la nueva Bilbao. La zona más moderna -que no modernista- de la ciudad, se ha llenado de construcciones asombrosas como la extraña combinación de edificios de las Torres Isozaki, el nuevo y psicodélico estadio de San Mamés, el Palacio Euskalduna, la imponente Torre Iberdrola, estratégicamente situada para dar la bienvenida a los que vienen de la costa; o el Puente Zubizuri de Calatrava, que tuvo que ser enmoquetado para no indemnizar los resbalones, pero oye, se mantienen en uso, que ya es decir para un Calatrava.

Por todo esto, Bilbao se ha convertido en una ciudad modelo, y por eso en 2010 fue reconocida con el premio Lee Kuan Yew que otorga Singapur en colaboración con la Academia Nobel sueca y es considerado el Premio Nobel de urbanismo.

No sé cuáles son los requisitos o mecanismos para conceder el premio, pero es muy probable que los señores de Singapur y Suecia se subieran al histórico funicular de Artxanda para verlo todo en perspectiva. No dejéis de hacerlo vosotros también, que además de disfrutar de las vistas, igual os convalidan algo.

4 comentarios en “Lecciones de urbanismo en Bilbao

  1. Acabo de leerlo,
    Bilbao ha sido galardonada como “Mejor Ciudad Europea 2018”. Este nombramiento se ha hecho público esta misma tarde-noche en Londres, donde se ha celebrado la ceremonia “The urbanism Awards 2018”.

  2. Efectivamente, ayer salió la noticia, no se te escapa una !! Me alegra que subieras a Artxanda. De pequeña era el lugar de esparcimiento donde iba los fines de semana con mi familia, tengo muy buenos recuerdos. Hoy en día sigue teniendo su encanto.

    1. Desde luego que lo tiene, las vistas desde allí son muy buenas. Y los restaurantes también están muy bien para unos pinchos y un txacoli.
      Gracias por tu comentario!

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