Más estrellas que cielo

Desde pequeño he tenido la suerte de poder admirar el cielo de La Palma como si fuera algo normal, pero a medida que uno va viajando por el mundo se da cuenta de que no, de que la civilización, entre otras cosas, conlleva ir poniendo un velo a las estrellas y, a menudo, cuanto más impresionante es una ciudad a ras de suelo, menos se ve de los tejados para arriba. Como si no pudiéramos atender a las dos cosas al mismo tiempo.

Este fin de semana en La Palma he aprendido que sí, que efectivamente el cielo de la isla de La Palma es único. Ha tenido que venir a decírmelo una simpática británica que trabaja en algo que suena tan de ciencia-ficción como ser “Guía de Estrellas” y que nos ha explicado que en el observatorio del Roque de los Muchachos, la cumbre de la isla a 2.426 metros de altitud, hay hasta 13 telescopios construidos por consorcios de 14 nacionalidades distintas que no se han instalado aquí como excusa para trabajar en Canarias, que también podría ser, sino porque consideran este lugar especial por su altitud, latitud, horas de sol, condiciones climatológicas, calidad del aire y habría que añadir que por la calidad de sus gentes, que siempre queda bonito.
Además de todas estas condiciones, en La Palma existe la conocida como “ley del cielo” que limita la contaminación impidiendo que los aviones comerciales sobrevuelan la isla o reduciendo el alumbrado público a unas características luces naranjas que dejan las calles y carreteras en un íntimo ‘todo a media luz’.

Casa Rural El Pósito bajo las estrellas

La consecuencia de todo esto es que mirar al cielo de La Palma es cómo mirar debajo de la cama cuando llevas tiempo sin barrer, pero más poético: El cielo de La Palma está lleno de cosas. De cosas que uno antes llamaba ‘estrellas’, así en genérico, y que a medida que te van explicando vas sabiendo que en realidad es todo un mundo. O muchos mundos, literalmente.
Este fin de semana también nos ha enseñado un experto y sus cuatro telescopios, a cada cual más grande, cómo son las distintas estrellas, las que nacen y las que mueren, las que se agrupan en cúmulos o las que agruparon los antiguos estudiosos en constelaciones que tenían más de mitología que de ciencia.

Me imagino a los primeros astrónomos mirando el actual cielo de Madrid, donde sólo se ve alguna estrella perdida entre la noche turbia y concluyendo “Total, ahí fuera no hay nada”. Hubiera sido el principio y el fin de la astrofísica. En La Palma, en cambio, aún se puede apreciar a simple vista la infinitud del Universo -así de trascendental- cuando en una noche limpia, sin luna ni nubes, se ven más estrellas que cielo ‘vacío’. Además, no hace falta tener mucha suerte para ver tres o cuatro estrellas fugaces y puedes mantener el romanticismo evitando pensar que son piedras ardiendo; igual que puedes autoconvencerte de que estás avistando un ovni que se desliza lentamente sobre tu cabeza, sin pensar que es la Estación Espacial Internacional o cualquiera de los satélites que también se pueden observar a simple vista.

En los últimos años, los palmeros que siempre habían tomado este cielo como algo normal, han comenzado a dedicarle más atención y esfuerzos al turismo de estrellas, para que los turistas, aficionados o no, a la Astronomía, puedan disfrutar de ese patrimonio que aunque está en todas partes, ya solo se deja ver bien desde algunos rincones como éste.

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