Lo mejor y lo peor de Qatar

Qatar es un pequeño estado árabe con vistas al Golfo Pérsico, que recibe su nombre de la diminuta península que ocupa dentro de la inmensa península arábiga (Un nombre que por cierto está perfectamente castellanizado a “Catar”, pero en este blog preferimos la exótica e inequívoca Q, aunque le pese a la RAE). Se trata de un destino desconocido para mí, pero lo suficientemente curioso como para pedir a una amiga que ejerza de corresponsal de Viajeros Infrecuentes y nos cuente su vida allí, su visión del país y sus principales atractivos.

Una gallega en Qatar

No podemos decir que Marta sea una persona sedentaria. Más bien al contrario, debe haber heredado ese gen de diáspora gallega que le ha llevado a vivir, además de en su Galicia natal, en lugares tan diversos como Bristol, Santiago de Chile, Madrid o San Salvador. Sin embargo, lo de Qatar no fue premeditado, fueron los qataríes los que vinieron a ofrecerle un puesto de trabajo en Doha y cinco días para pensarlo. Por muy viajado que uno esté -y ya hemos dicho que Marta estaba muy viajada- irse a vivir a Qatar no es como empadronarse en Orense, hay que pensárselo detenidamente, sospesar los pros y contras y estudiar el terreno, o al menos averiguar si tenía que llevar burka o bikini en la mochila. Lo hizo, se decidió, y se fue a vivir al Golfo Pérsico sin billete de vuelta para una estancia que al final resultó durar nada menos que dos años.

Desierto de Qatar
Marta (con sombrero) y algunos de sus amigos

Al llegar, Marta se encontró con un pequeño país en vías de desarrollo, pero no en el sentido sudamericano y perenne al que estamos acostumbrados. Qatar ha pasado en apenas unas décadas de ser un pequeño rincón del desierto habitado por pastores nómadas de camellos, a convertirse en uno de los países con mayor renta per cápita y con el mayor índice de desarrollo humano de todo el planeta. El petróleo y el gas obran milagros. Es por esto que Doha apenas tiene casco histórico relevante, y sí un nuevo barrio de rascacielos al que aún no han terminado de ponerle las aceras.

Para seguir la estela de sus vecinos de Dubai, los qataríes se han embarcado en una campaña de “recolección” de trabajadores por todo el mundo. Sobra el dinero, lo que falta es mano de obra y mentes pensantes, por eso el 80% de los residentes son extranjeros. Justo por eso acabó Marta allí.

¿Qué es lo peor de Qatar?

Marta lo tiene claro, además del camino que les queda por recorrer en derechos humanos o medioambiente, lo peor es la segregación racial que, aunque no es oficial, parece crear barreras invisibles para separar a cada grupo o etnia en un lugar -físico y social- del que es difícil moverse. Existe una clara división en cuanto a las posibilidades laborables y la calidad de vida de cada uno dependiendo del lugar de origen. Por decirlo de otra manera: los qataríes están para dirigir, los occidentales van a pensar, los filipinos a limpiar, los indios a construir… y lo peor es que estas barreras son interiorizadas por los propios extranjeros y se adaptan a ellas. Marta no, nos salió rebelde y se preocupó por conocer la vida de los distintos tipos de personas que viven allí.

Playa de QatarPor eso no solo practicó el ocio occidental de excursiones en 4X4 al desierto, o los días de playa y deportes acuáticos, disponibles nueve meses al año (no porque los otros tres sean de invierno, al contrario, hace demasiado calor). También visitó, por ejemplo, la zona de ocio de los trabajadores del área industrial, Asia Town, donde indios, pakistaníes o bangladesíes van a comer y a disfrutar a voz en grito, aplaudiendo y bailando, al son de las películas de Bollywood. Hizo por conocer las costumbres del mundo árabe y aprovechó cada viaje en taxi para preguntar más sobre esa gran parte de la población flotante que pagan por poder ir a trabajar en Qatar, de sol a sol, con el fin de ahorrar para el futuro.

¿Y lo mejor? ¿Qué hay que ver en Qatar?

El país no tiene muchos atractivos turísticos, y para visitarlo bastan tres o cuatro días, por lo que es conveniente combinarlo con otros países de la zona, o aprovechar una escala de Qatar Airways hacia otro destino. Entre los lugares imprescindibles de Doha que nos señala Marta están el zoco, West Bay -el barrio de los rascacielos-, la zona cultural de la Katara, o uno de sus lugares preferidos por lo insólito: el Museo del Jeque Faisal, donde se exhiben, con esa excentricidad de jeque y sin orden ni concierto, desde joyas egipcias a antiguos muebles europeos, pasando por coches americanos antiguos o colecciones de corales y fósiles.

En las afueras de Doha, Marta nos recomienda la zona de manglares de Al-Khor, probablemente la única con vegetación en todo el emirato, que permite navegar en kayak entre islas. La Reserva Natural Brouq, a unos 60 kilómetros de Doha es una zona protegida en medio del desierto de Zekreet donde se pueden admirar extrañas formas rocosas, pero también las estructuras metálicas que instaló el arquitecto y artista Richard Serra y que ofrecen un juego de luces espectacular al atardecer.

Carrera de camellos en QatarSin embargo, Marta advierte que cuando se conoce a alguien de Qatar se pueden descubrir lugares menos accesibles, aunque igual de apasionantes, como ese desierto que por su cercanía al mar se convierte en una playa infinita a donde van los lugareños a hacer barbacoas o acampadas. O las carreras de camellos que combinan una tradición de siglos con la modernidad: los dueños de los camellos les siguen en 4×4 con un mando a distancia que va sacudiendo al camello para que avive la carrera.

Aun así, las opciones son limitadas por lo que Marta es clara “Si tienes más de tres días de vacaciones en Qatar no te quedas en Qatar, aprovechas para ir a otro lado”. Y vaya si aprovechó: Dubai, Abu Dabi, Filipinas, Jordania, Barein, Turquía, Sri Lanka, India. ¿He mencionado que Marta es muy viajera?

Su experiencia qatarí ha finalizado y ya la tenemos de vuelta en España, quién sabe por cuánto tiempo. Al hablar con ella queda claro que valora mucho su experiencia Qatar, por lo que aprendió, la gente que conoció y la experiencia de vivir en lugar tan “diferente”. Sin embargo es tajante al decir que, aparte de la gente que conoció, no echa nada de menos de allí. Esa etapa ya se cerró y ahora quedan nuevos destinos por delante.

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