Las noches de Khao San Road

Estamos en Bangkok. En concreto en la popular y ajetreada Khao San Road que por lo visto es conocida internacionalmente. Lo supimos porque la mencionaban todos los que han pasado por aquí y han dejado constancia de ello en guías, blogs, anécdotas de barra y leyendas urbanas. Y lo comprobamos nada más ver el barullo de lenguas y culturas que se mezclan aquí cada noche. Cientos de jóvenes de todas partes del mundo vienen -uniformados con camisetas de tirantes y chanclas- a ahogar y desahogar sus penas y alegrías en estas calles de música atronadora donde todas las horas son la happy hour. Es, para entendernos, como un Magaluf asiático y sin playa.

Khao San Road, Bangkok, Tailandia
Khao San Road, Bangkok, Tailandia

No es que sea un lugar especialmente atractivo, todo hay que decirlo, pero se adapta muy bien a la imagen que puede tener uno de Bangkok. No la de los templos, sino la apabullante de multitudes, puestos callejeros, enjambre de letreros luminosos colgando de edificios desvencijados y mucha gente ofreciéndote de todo: Copas, masajes, paseos en tuk tuk, espectáculos de ping pong, trajes a medida, chupitos de sangre, insectos garrapiñados… Por cierto, los puestos que venden escorpiones, cucarachas, y demás insectos, pueden ofrecer perfectamente artilugios de plástico; cobran más por hacer la foto que por comer las supuestas exquisiteces.

Khao San Road no es solo una calle, o sí, pero la zona en cuestión se extiende a varios paseos y callejuelas aledañas que tienen más encanto en sus bares y cafés. De una a otra calle pasamos a través de callejones oscuros de un brazo de ancho, que lo mismo nos hacen atravesar un gimnasio de Kickboxing y Muay Thai o cualquier casa particular donde nos cruzamos con la abuela durmiendo y el perro frente al ventilador. O al revés. Ya estamos tan acostumbrados a estos atajos que ayer nos metimos hasta la cocina de una pensión antes de que nos dijeran que no, que por el allí no sé iba a ninguna parte. Invariablemente en cada uno de estos callejones huele a comida desde primera hora de la mañana y abundan los pollos asándose en la parrilla y los gatos husmeando la basura. O al revés.

Todo esto suena fatal, lo sé, pero aseguro que es de lo más entretenido tomarse una cerveza en una terraza elevada y observar en qué ha venido a parar la capital del sudeste asiático. En algún sitio leímos que Tailandia era el país de las sonrisas, pero ya se les deben haber acabado a base de lidiar con el turismo low cost. Yo estoy venga a enseñar todos los dientes como si fuera Concha Velasco y nada, que si quiero camisetas, me responden. A dos euros las tienen. Como en el Primark.

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