La Rioja y viva el vino

Empecemos por los conceptos básicos: El vino es aquello que antes mezclabais con coca-cola en vasos de litro y ahora miráis al trasluz y olisqueáis elegantemente antes de probarlo. Hay que ver, cómo habéis cambiado. Y La Rioja es uno de esos lugares, como Oporto en Portugal o Ginebra en Suiza, que solo con nombrarlos te sube un par de grados el índice de alcohol en sangre. Rioja y vino son conceptos indisociables.

Hasta ahora yo sólo había pisado esta comunidad para ir a un pequeño pueblo llamado Autol del que solo recuerdo sus fiestas de San Blas, mucha diversión, grandes amigos y nada de turismo, así que venía siendo hora de hacer un viaje más cultural. El “problema” (es un decir, no supone un problema en absoluto) es que la cultura en La Rioja se desarrolla en torno al vino, ¿qué mayor atractivo turístico puedes querer?

Logroño

Este fin de semana he ido por fin a Logroño, la única capital de comunidad que me quedaba por visitar, y la experiencia me ha encantado porque contábamos con la guía de una buena amiga, experta en arte, en vino y en tratar bien a las visitas. Como buena anfitriona y conocedora del carácter de los viajeros infrecuentes, lo primero que hizo no fue extenderse en sus vastos conocimientos de historia y arte, que los tiene, sino llevarnos a la famosa Calle Laurel. Si la UNESCO tuviera un reconocimiento al buen beber, que ya están tardando, la calle Laurel sería ya Patrimonio de la Humanidad por su aportación al mundo de los bares. Es una callejuela estrecha y empedrada que se retuerce entre los edificios del casco antiguo de Logroño y que tiene más tascas que portales, donde sirven pinchos exquisitos y, cómo no, los mejores vinos. Casi no salimos de allí, y no éramos los únicos porque aquello estaba de bote en bote entre turistas, locales y celebraciones de despedidas de solteros de toda España. Tan entretenido es el mundo de la restauración que dejamos los monumentos y paisajes para el último momento. Destacan, como en casi todas partes, las iglesias, que aquí tienen que sobrevivir no solo al paso del tiempo sino también al paso de las cigüeñas, sus nidos y los ‘regalos’ que dejan en los tejados. Algunos ejemplos son la Iglesia de San Bartolomé, la más antigua, con su portada gótica y su campanario; la Iglesia Palacio y por supuesto la Concatedral de la Redonda con sus características torres gemelas que, como todo en la Iglesia, se ve mejor de lejos. En concreto forman un bonito paisaje de Logroño desde los puentes más antiguos que cruzan el Ebro, el de piedra y el de hierro. Tampoco se comieron la cabeza para poner los nombres.

 

Logroño, La Rioja
Logroño, La Rioja

Haro

Es propio de viajeros infrecuente ir un fin de semana a La Rioja y no planear de antemano visitar una bodega (es para matarnos, lo sé), pero afortunadamente nuestra amiga y sus contactos se encargaron de todo para que no pasáramos sed. Aunque La Rioja entera está llena de ellas, creo que podemos decir sin miedo a ofender a nadie que Haro destaca por sus bodegas. Es un pequeño pueblo situado al norte, casi en el País Vasco, en la región de la Rioja Alta, que debe tener una densidad de población de una bodega por habitante. No en vano Haro fue, y sigue siendo, un punto clave para la industria del vino hasta el punto de que gracias a ella llegó a contar una sucursal del Banco de España en el pueblo y fue uno de los primeros municipios españoles a donde llegó la luz eléctrica.

Las bodegas que visitamos fueron precisamente las de Rioja Alta, donde vimos in situ, y no en un museo impersonal, cómo se desarrolla todo el trabajo para crear sus famosos vinos. Ya os aviso que no es una visita que se pueda hacer con sed ni con resaca, porque las decenas de barriles y los cientos de miles de botellas que se ven causan cierto impacto. Para terminar, nada mejor que una cata y luego a saciar el apetito en uno de sus magníficos restaurantes.

Y a la vista de la experiencia, me pregunto, ¿cómo no había yo recorrido antes La Rioja? ¿y vosotros?

2 comentarios en “La Rioja y viva el vino

  1. Es meterse en un jardín de espinas calificar El Rioja como el mejor vino de España porque como buen viajero infrecuente (y aficionado a probar las “espirituosas” típicas de cada lugar), luego visitarás Galicia y dirás lo mismo del Ribeiro, irás a Canarias y serás el mayor fan de los vinos D.O Valle de la Orotava, o te plantarás en Valladolid y alardearás del Ribera, el Rueda y el Cigales. A veces es mejor beber y callar ¡Chin, chin! 🙂
    Pd: Apoya.

    1. Por supuesto, soy plenamente consciente de la ignorancia de mi paladar y nunca se me ocurriría poner unos por delante de otros. Por eso no lo he hecho.

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