De cervezas y paisajes catalanes

La Barceloneta no es la mejor playa del Mediterráneo, desde luego, ni se parece remotamente a los paisajes que decoran los spots de Estrella Damm que cada verano nos dan sed y envidia al ritmo de la canción indie del momento. Ni supongo que Isabel Coixet o Amenábar tenían en mente a los Erasmus borrachos que se agolpan en apartamentos ilegalmente turísticos cuando rodaban sus famosos anuncios. Y sin embargo muy pocas grandes ciudades pueden presumir de una playa como ésta a escasos minutos del centro. El último septiembre apuramos los últimos coletazos del verano tomando unas generosas jarras de cerveza con vistas al mar y al icónico perfil del Hotel W, sin saber que estábamos bebiendo “la mejor cerveza española del año” según el jurado del  New York International Beer Competition que, dicho sea de paso, también desconocíamos.

Sí sabíamos que la costa catalana (y valenciana y balear) es el reino de la Estrella Damm, que desde hace más de 100 años baña los esófagos de los catalanes igual que el mediterráneo baña sus costas. No sé por qué Serrat no le ha dedicado aún unos versos. Pero ahora descubrimos que más antigua incluso es la Cerveza Moritz, también catalana, que se empezó a producir a mediados del siglo XIX y se ha relanzado recientemente. Y más vieja aún, por si cabía alguna duda, es la Catedral de Tarragona frente a la que hace un año nos sirvieron dos cañas que duraron menos de los que tardamos en admirar el estilo gótico de su fachada, justo al terminar de recorrer el casco antiguo de la ciudad y justo antes de unirnos a las fiestas locales de Santa Tecla.

Catedral de Tarragona
Catedral de Tarragona

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