Algo pasa en Barcelona

Te pasas años sin pasar un agradable fin de semana en Barcelona y decides hacerlo, por qué no, un 11 de septiembre, justo en la Diada, en pleno inicio de la campaña electoral más controvertida. Esto es lo que pasa con una planificación propia de viajeros infrecuentes. Y de espectadores distraídos, dicho sea de paso, porque no nos acordamos de lo que pasaba hasta que vimos los restos de la manifestación y las esteladas colgando de los cuellos y los balcones. Pero oye, tal vez hemos vivido un momento histórico.

Aunque suelo ir varias veces al año a Barcelona, mis visitas se reducen normalmente a una oficina de la Diagonal y tal vez por eso, al recorrerla en plan turista callejero después de tanto tiempo, la he encontrado algo cambiada.

Llegamos el viernes por la noche, justo al terminar la manifestación, y tras dejar las mochilas en el hotel, unos buenos amigos -ciudadanos del mundo, barceloneses de adopción- nos llevaron a El Nacional Barcelona (no sé exactamente a qué orientación, política o no, debe su nombre), en pleno Paseo de Gracia. Es un sitio nuevo y estupendo con distintos espacios para tomar algo o cenar que me recordó un poco (sin que la comparación ofenda a nadie, que nunca se sabe), al Platea de Madrid.

El sábado por la mañana desayunamos como señores en la zona de la Universidad donde ahora proliferan las cafeterías modernas para modernos. Si alguien acepta la sugerencia, recomendamos Cosmo o The Breakfast antes que Recoleta. A continuación fuimos a Las Ramblas, a mezclarnos con ese hervidero de cruceristas que últimamente atormenta a los barceloneses, y seguimos de caminata hasta la Barceloneta donde -para nuestra decepción- no vimos a la masa turística, borracha y desnuda, que anuncian en los informativos. Eso sí, aún pudimos disfrutar de las últimas cervezas de verano en la playa, y esforzarnos por mantener un tono de moreno medianamente digno para septiembre.

A la vuelta nos perdimos a conciencia por las callejuelas del Barrio Gótico. Nos Asomamos a la Plaza de Sant Jaume, por si veíamos pasar a la nueva Alcaldesa o al President en funciones y nos explicaban qué está pasando; y visitamos la Catedral, preguntándonos dónde quedó la época en que infantas de España se casaban con deportistas corruptibles ante la multitud.

Casa Batlló, Barcelona
Casa Batlló, Barcelona

Como sabemos que hay monumentos que ganan con la iluminación, dedicamos la noche a repasar lo que recordamos de Gaudí y nos dimos un buen paseo para ver la estrambótica Casa Batlló y la Sagrada Familia. Por si os lo preguntabais, la Sagrada Familia sigue en obras, eso no ha cambiado, aunque tiene alguna fachada o alguna consagración papal que no recordaba.

Para terminar, el domingo visitamos la Plaza de Espanya, que de momento también sigue siendo la plaza de España. Lo que sí ha cambiado con los tiempos es la Plaza de Toros de las Arenas, que ahora es un enorme centro comercial, tal vez imagen de cómo acabarán las plazas de toros en todo el país. Las tiendas no las visitamos, pero desde la última planta sí que disfrutamos de vistas espectaculares de la plaza, la Fuente de Mágica Montjuic y el Museo Nacional de Arte de Cataluña (en este caso siempre ha sido ‘nacional’, lo comento sin ningún tipo de intención). Y ya puestos a caminar seguimos colina arriba y abajo para comprobar qué ha quedado de las instalaciones olímpicas. El Estadio Olímpico y el Palau Sant Jordi siguen en su sitio, tal como lo vimos por la tele en el 92. Y la Torre de Calatrava también, que ya es bastante decir para un Calatrava.

Cuando volvimos a la Estación de Sants nos preguntamos cómo de distinta será la próxima Barcelona que veamos.

 

Deja un comentario