Ajaccio, Córcega, la ciudad de Napoleón

La capital de Córcega se llama Ajaccio, y no os preocupéis, somos muchos los que no sabemos pronunciarlo, y eso que he probado en todas las mezclas entre el francés y el italiano. Si no nos suena de nada es porque es una pequeña ciudad de apenas 60.000 habitantes, como un pueblo grande, situado en una enorme bahía al pie de las montañas que recorren toda la isla de Córcega, y cuya mayor aportación a la historia se basa en dar lugar al nacimiento de su vecino más importante: Napoleón Bonaparte.

La capital de Córcega

Puerto de Ajaccio, Córcega

En Ajaccio sobresale su puerto con sus yates y sus cruceros, como en casi cada isla del Mediterráneo, y detrás, un pequeño, diminuto, casco histórico, con una ampliación de la ciudad que ellos denominan “imperial”, y otra más que solo se puede definir como “turística”, y que corresponde a las pintorescas casitas y apartamentos que se encaraman por las colinas para aprovechar las estupendas vistas de la bahía.

Apenas nos llevó unas horas recorrer los principales lugares de interés de Ajaccio: La catedral, bonita y pequeña, acorde con las proporciones de la ciudad. También una curiosa iglesia, la de San Erasmo, frecuentada y “regentada” durante siglos por los pescadores, y cuya principal peculiaridad es que está decorada por barcos dónde en otras iglesias hay cirios y retablos.

Ciudadela y playa de Ajaccio, Córcega

En un extremo del puerto está la Ciudadela, una fortificación de la época genovesa, porque Córcega se ha pasado su historia debatiéndose entre Francia, Génova y la independencia. El fuerte sigue siendo un complejo militar, por lo que no se puede visitar, pero tras sus muros descubrimos una playa espléndida de aguas claras que por supuesto aprovechamos.

También son fortalezas lo que se distingue sobre las Islas Sanguinarias, que se pueden divisar al aproximarse a Ajaccio en barco o acercándose hasta el extremo norte de la bahía. Y parece que no se llaman así por haber librado alguna batalla, sino por el color rojizo de las rocas que lo forman o, para los poéticos de la oficina de turismo, por las vistas que ofrecen al atardecer del sol desangrándose en el mar.

Napoleón estuvo aquí

En la plaza principal de Ajaccio, la del mercado que mira al puerto, hay una estatua de lo que parece un romano, colocado sobre una fuente y rodeado de cuatro leones. No os confundáis, es Napoleón travestido de César.

Plaza del Mercado y estatuda de Napoleón en Ajaccio, Córcega

En la misma plaza está el Ayuntamiento, en cuyo vestíbulo hay unos cuadros enormes de Napoleón y en su planta superior el denominado “Salón Napoleón” con más obras pictóricas y escultóricas del emperador y su familia.

Otra plaza, más grande y moderna, y en teoría dedicada al General de Gaulle, está presidida por una enorme estatua ecuestre, y sí, lo habéis adivinado, se trata de Napoleón a caballo.

Una plaza más, la de Austerlitz, algo más apartada, cuenta con un enorme Napeoleón sobre una pirámide y una escalinata.

Y es que en las callejuelas del viejo casco histórico de Ajaccio se encuentra un antiguo y modesto edificio de cuatro plantas donde nació el mismísimo Napoleón Bonaparte en 1769, solo un año después de que Francia comprara la isla de Córcega a los Genoveses en sus rebajas por liquidación. El odio que le tenía el futuro emperador a los franceses no evitó que el nombre original, Napoleone, acabara perdiendo una “e” en el proceso de afrancesamiento.

Casa de Napoleón en Ajaccio, Córcega

Napoleón vivió su infancia entre las calles de Ajaccio y jugando en sus costas hasta que fue enviado a estudiar al continente junto a su hermano Pepe (más tarde apellidado Botella). Lo demás ya lo sabéis, toda una vida dedicada a batallar, conquistar, y hacerse cuadros con la mano dentro de la casaca, hasta que acabó sus días en otra isla, mucho más al sur.

La casa de su niñez, que siguió perteneciendo a su familia en periodos intermitentes, según la fortuna del emperador, es hoy un museo, como no podía ser de otra manera y el principal reclamo de todos los edificios, calles y plazas que recuerdan las épocas de Napoleón como Primer Cónsul de la República y como Emperador.

Por supuesto, los demás miembros de su familia aprovecharon el tirón: una de las principales calles del centro, una avenida peatonal y comercial, recibe el nombre de Rue del Cardinal Fesch, a la sazón tío de Napoelón. La calle lleva desde el casco antiguo hasta el Palacio Fesch, a lo largo de la extensión de la época imperial de la ciudad.

El Palacio del Cardenal es uno de los museos más importantes de pintura italiana del mundo y además incluye una Capilla Imperial donde estaba previsto enterrar a todos los miembros de la familia Bonaparte, o al menos a aquellos que no fueran desterrados a Santa Helena.

Y eso es todo. Lo bueno de Ajaccio es que una vez admiradas sus cuatro atractivos turísticos, y después de aprender todo lo que puedas sobre Napoleón, te puedes dedicar a admirar su costa, sus playas o adentrarte en los paraísos naturales de Córcega.

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